PRENSA MORADA

Quizá parezca osado por mi parte reivindicar un color para el pseudoperiodismo contemporáneo, pero permitidme mi alegato público aprovechando el sopor de los días de agosto en que hay menos actividad.

De todos es conocido el término «prensa amarilla» que tuvo su origen en la lucha que Pulitzer (que dejó establecido en su testamento el premio que lleva su apellido) y Hearst (al que Orson Welles retrató en Ciudadano Kane) sostuvieron para quedarse con la audiencia entre 1895 y 1898, los años en los que ambos promovieron la intervención de Estados Unidos en la entonces provincia española de Cuba. Lo de «quedarse con la audiencia» debe entenderse en los dos sentidos. Lo de «yellow» fue un juego de palabras hecho desde la competencia en 1898, jugando con el hecho de que los periódicos de ambos especuladores publicaban una viñeta de «el chico amarillo» y porque además de significar el color, es una forma de llamar cobarde a alguien.

Imagen de portada del libro «La prensa secuestrada».

El uso de colores para referirse al tipo de historias que se cuentan es algo muy extendido. Se habla de crónica negra o de prensa rosa, de propaganda roja o azul, de leyenda negra o aúrea, y todos asociamos un color a una forma de contar las cosas. Por tanto considero más que justificado y necesario que comencemos a usar un color para referirnos a todo ese pseudoperiodismo que con intencionalidad política y de forma consciente, profesional e interesada se apunta a las noticias falseadas o «fake news», a la postverdad, al postureo, al populismo, a la apelación visceral, con tal de captar adeptos que se vuelvan adictos al consumo de dicha «información».

Como hicieron hace 120 años los que jugaron con el doble sentido de amarillo, yo les propongo empezar a hablar de «prensa morada» o más ampliamente de «periodismo morado» (Purple Press en inglés), jugando con el hecho de que apelar a las vísceras más que a la cabeza hasta saciarlas y llenarlas por completo sin dejar atisbo de critica está
relacionado con la expresión «ponerse morado» y también por su abundacia en la continua doble moral (y entre amoral y morado también cabría otro juego de palabras) de los representantes de la ideología que hoy usa ese color y de los que se acercan a ese color para alcanzar el poder. Claro que también hay ya «prensa morada» en otras posiciones ideológicas, en casi todas, pero los niveles de exquisito refinamiento alcanzados por la izquierda actual bien merecen que les sean reconocidos.

José A. Ramos-Clemente y Pinto.
Socio y colaborador
Cristianos en Democracia.

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