EL LENTO Y AGÓNICO SUICIDIO DE EUROPA

La idea de Europa de los “padres fundadores” aparece condensada en este párrafo de Schuman: “[…] que esta idea de una Europa reconciliada, unida y fuerte, sea desde ahora una contraseña para las jóvenes generaciones deseosas de servir a una humanidad por fin liberada del odio y del miedo, y que vuelva a aprender, después de largos desgarramientos, la fraternidad cristiana”.

Desde sus inicios, la Unión Europea se encuentra tintada de sus raíces cristianas. Los llamados padres fundadores de Europa Jean Monet, Robert Schuman, Honrad Adenauer y Alcide De Gasperi, defendieron un proyecto de compromisos y recursos compartidos para crear una unidad en un entorno próspero y pacífico llamado Europa. Pero Europa ha renunciado, ha apostatado de sus raíces, y como Sánchez en España, pretende reinventar la historia, reinventando sus raíces bajo un modelo estrictamente económico.

La ciencia, el arte, la música, la pintura, la arquitectura … toda la cultura europea es cristiana, por mucho que se empeñen en negarlo y, en ocasiones, querer reinventarlo; hasta la propia Declaración de los Derechos Humanos es la versión laica de los diez mandamientos de la Biblia judeo-cristiana.

Europa se muere. Esa Europa ha renunciado voluntariamente a sus valores fundacionales para convertirse en un lugar donde imperen las políticas económicas orientadas a mantener un sistema capitalista agresivo, completamente deshumanizado; El Aborto, La Eutanasia, la «multiculturalidad» forzosa… Principios ante los que países como Polonia o Hungría se han rebelado y se niegan a acatar en tanto que pongan en peligro su propia identidad y estabilidad como país, y ante los que esta «nueva europa», con mas miedo que verguenza, reacciona con sanciones y amenazas de expulsión.

Europa se muere. El Europeo es una especie en «autoextinción», una extinción lenta, pero firme, en la que el europeo medio se ha dejado llevar por la cultura individualista y hedonista (tan necesaria para mantener un sistema de consumo compulsivo) en la que la familia es una carga que no está dispuesto a asumir y a la que renuncia encantado en pos de la felicidad que los anuncios, las series y el cine les anuncian como un nuevo paradigma, cuya inalcanzable consecución posibilita que los laboratorios hagan su «agosto» permanente en la venta de ansiolíticos. El relevo generacional no existe y Europa camina a una costosa ancianidad (ver nota al pié del articulo sobre los datos de Eurostat) para la que es necesario prepararse, con leyes como la de la Eutanasia, que permitan a los estados mejorar la eficiencia económica de sus sistemas sanitarios y sociales. ¿Alguien cree que unos políticos capaces de crear leyes que fomenten y permitan el asesinato de mas de un millón de bebés al año, les temblaría el pulso para sacar adelante leyes que permitan la eliminación de los ancianos costosos para el sistema? Eso sí, todo disfrazado de un halo de bondad y humanitarismo que, como en el caso de las migraciones, llegan a ser repulsivos, por lo perverso de su objetivo.

Y aquí estamos los Cristianos, como meros espectadores de un triste espectaculo al que nos han invitado pero en el que «nos han recomendado» no participar puesto que nuestras propuestas son antiguas y «pasadas de moda». Tanto nos hemos creído este discurso que, desgraciadamente, hemos renunciado a ellas. Nuestros hermanos del este, en países como Hungría o Polonia, se han rebelado, democráticamente, contra este drama, y han optado por elegir libremente Gobiernos de marcadas orientaciones cristianas, con programas políticos basados en la recuperación de los valores fundamentales: La dignidad del ser humano, la protección de la familia natural (la única familia que existe «per se») y el bien común. Esta semana hemos asistido al penúltimo espectáculo promovido por la dictadura del pensamiento único, pues bien sabemos que las amenazas de sanciones y expulsión de la UE promovidas contra estos países provienen, precisamente, de ese profundo odio a los valores cristianos que de manera «políticamente correcta» se enseña y ha enseñado a los europeos durante los últimos 50 años.

Tenemos una gran oportunidad dentro de 8 meses de unirnos a nuestros hermanos polacos y húngaros; de hacerles saber que no están solos y que gracias a su ejemplo nuestras conciencias empiezan a despertar de su letargo para intentar parar esta «locura del bienestar» que acabará con nuestras sociedades, aplaudidas por un Islam cuyo crecimiento silencioso se empieza a hacer notar ya a nivel político en la ciudad mas poblada de Europa, Londres, con un Alcalde Musulman. Debemos despertar y evitar que se haga realidad la frase atribuida a Arturo Pérez Reverte: «Séneca y Sócrates se suicidaron por inteligencia. La Europa que ellos iluminaron, se suicida por estupidez».

 

El Equipo de Cristianos en Democracia.

 

NOTA: El envejecimiento de Europa: las proyecciones de población para 2050

Es probable que se produzca un importante envejecimiento de la población de Europa en los próximos 35 años. El principal escenario de Eurostat para las proyecciones de población (EUROPOP2013) proporciona algo de contexto en cuanto a la posible evolución. Las proyecciones indican que el cambio demográfico hacia una población de más edad dará como resultado un aumento del porcentaje de la población de 65 años o más en la Europa de los Veintiocho de un 18,2 %, a principios de 2013, a un 28,1 % en 2050, mientras que la proporción de la población en edad de trabajar se reducirá de 66,2 % a 56,9 %. Por lo tanto, habrá casi 40 millones de personas menos en edad de trabajar. El tamaño y el peso relativo de la población de 65 años o más aumentará a un ritmo acelerado durante el periodo de proyección y, en 2050, habrá casi 150 millones de personas dentro de este grupo de edad. Se espera que el número de personas de edad muy avanzada (definido aquí como las personas de 80 años o más) aumente a un ritmo aún más rápido y que alcance más del doble hasta llegar a 57,3 millones en 2050. Como resultado de estas diferentes tendencias entre grupos de edad, se prevé que la relación demográfica de dependencia de la tercera edad (personas de 65 años o más con respecto a personas de edades comprendidas entre los 15 y 64 años) aumente del 27,5 % a principios de 2013 hasta casi el 50 % en 2050. Esto implica que la UE pasará de contar con casi cuatro personas en edad de trabajar por cada persona de 65 años o más a contar con dos personas en edad de trabajar por cada persona de 65 años o más en un periodo de menos de 40 años.

Fuente: Eurostat (código de datos en línea: proj_13npms)

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