Ante las próximas elecciones municipales del 26-M.

El agotamiento electoral comienza a alcanzar a toda la ciudadanía. La falta de vigor en los partidos consagrados y la ausencia de imaginación entre las nuevas propuestas políticas desalientan al voto y nos alejan de la participación. Los cristianos encontramos pocas opciones a nivel municipal en las que vernos representados. A veces, porque nosotros mismos agotamos nuestras expectativas en el horizonte de la familia y la vida, mientras que en otras ocasiones, son los propios partidos políticos los que no terminan de establecer un vínculo fuerte con la comunidad cristiana de cada municipio.

 

En Sevilla ha surgido una opción que ha sido capaz de romper todos esos moldes. Contigo MÁS Sevilla se ha posicionado claramente como un partido humanista y cristiano, que ha desarrollado su programa electoral sobre la Doctrina Social de la Iglesia y que respeta los cinco principios “no negociables” que S. S. Benedicto XVI proponía hace años a los políticos del Partido Popular Europeo. A pesar de que son muchos quienes miran con recelo a Contigo MÁS Sevilla, lo que ahora realizamos quienes nos hemos vinculado a esta opción también forma parte del apostolado al que estamos llamados todos los cristianos, al menos a la forma en la que lo hemos entendido los que formamos este partido.

 

El cristianismo no se reduce a un conjunto de prácticas individuales sino que está llamado a convertir la sociedad en antesala del Reino de Dios. Es por esto que el cristiano está llamado a hacerse presente en la vida pública participando de la política para que el modelo de Cristo pueda ser una realidad entre nosotros.

Es la hora de que los Cristianos volvamos a la vida pública.

 

Durante los últimos siglos, los cristianos hemos sido divididos por el marxismo cultural, que ha ofrecido una visión particular de la Historia de la Salvación que nos separa entre «cristianos de base» y «cristianos de elite», siempre bajo su prisma de la lucha de clases. Los partidos conservadores o reaccionarios también han conseguido dividirnos, embaucados por la visión marxista, acaparando a una supuesta elite cristiana y enarbolando la bandera de la ortodoxia. Por último, los liberales han vaciado de Dios a toda la sociedad y pretenden devolvernos a las sacristías y las catacumbas, reduciendo el hecho religioso a una cuestión individual y privada.

 

Esta situación se reproduce de nuevo, con vigencia y actualidad, cuando los socialistas de derechas actúan con cierta tibieza y que los sitúa entre los conservadores más moderados y los socialistas menos exaltados, reduciendo el cristianismo a un conjunto de condecoraciones buenistas que relucen en sus solapas. Ahí son capaces de atraer a muchos cristianos de buen corazón que se alejan de la Iglesia cuando son confundidos por discursos falseados y extendidos en los medios de comunicación. La derecha, por su parte, tan acomplejada de sí misma, es incapaz de adoptar una postura comprometida con los cristianos y sus principios políticos y sociales. Parece haber nacido, al mismo tiempo, una nueva derecha de carácter reaccionario que aparenta una pose de ortodoxia, la cual no es más que un retroceso en los logros del Concilio Vaticano II. Sin embargo, las posiciones más agresivas con el cristianismo hoy día son las del laicismo militante del neomarxismo y el relativismo moral del liberalismo. En ambos casos, bien por acción, bien por omisión, no hay empacho en perseguir a los cristianos públicamente.

 

Todas estas razones hacen que estemos obligados a vivir una militancia de cristianos activos en la sociedad de hoy: unidos en la fe, abundantes en la caridad y abiertos a la esperanza para transformar la sociedad actual bajo el paradigma de Cristo.

 

No tengamos miedo en este empleo que nos encomienda a comprometernos con una opción que da un paso al frente. Salgamos al mundo para que Cristo nazca en mitad de la humanidad. Porque habremos de ser luz y sal, ejemplo en nuestras obras, en todo, amar y servir, para que mediante nuestra unidad, entiendan que solo la fraternidad de la ciudadanía es el único camino para crear la mejor de las sociedades.

 

Abrazados a nuestras cruces, parece oportuno reivindicar el espacio que nos ha sido usurpado mediante el destierro y la división. Seamos ejemplo para otros que anhelan un mundo mejor pero que se encuentran atenazados ante el miedo al escarnio. Aceptemos la humillación que nos corresponda y salgamos al encuentro de nuestras obligaciones sociales y políticas. Pues de Cristo somos, para Dios vivimos y al servicio de nuestros semejantes encontraremos la recompensa de la Gracia. Encomendados a la providencia del Espíritu Santo, actuemos bajo los criterios de la misericordia y la prudencia, de tal modo que nuestras obras no sirvan para escandalizar ni para dividir sino para amar.

 

Daniel Marín

Responsable de Comunicación

Partido Contigo Más Sevilla

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