¿Debe la política volver a sus raíces cristianas?

 

“Una sociedad sucumbe cuando se desposee de lo sagrado” (Rafael de Aguilar Poyatos).

Dedicado a la diputada brasileña Christ Toniotto, que ha tenido el arrojo de comprometerse a cambiar su Patria desde la luz de Cristo.

La secularización de la política, no ya al margen de cualquier idea moral sino frente a toda idea moral, ha traído una devaluación de las concepciones antropológicas del hombre, una inevitable pérdida de calidad en las mismas por su distanciamiento de sus postulados originarios -las democracias occidentales nacieron en sociedades cristianas-. Postulados, no ya sólo religiosos sino en muchos casos también racionales o científicos, cuyo distanciamiento de los cuales, explica engendros doctrinarios y la defensa de los mismos; tales como el aborto: el feto como parte del cuerpo de la madre, lo cual es una ficción contraria a la ciencia -ADN y frecuencia cardiaca distintos-; el infanticidio, justificado como aborto tardío; la ideología de género, confundiendo género con sexo, que vuelve de nuevo a ser, no ya solo amoral sino también anticientífico -el sexo está inscrito en el ADN-, por citar sólo algunos ejemplos.

No se trata ya sólo que el ir en contra de Dios deba suponer un límite para la mayoría de los políticos, sino que tampoco lo hagan en contra de la razón ni de la propia naturaleza de las cosas -que es otra forma de ir contra Dios-, ya que no parecen tener más sustancia ontológica que el seguir las doctrinas de moda mientras dure la moda-que es el tiempo durante el cual les rinden rédito político-.

Del Hombre es hijo de Dios, al Hombre sólo es Hombre cuando nace o sólo después de nacido si su madre no decide tirarlo a la basura; o el Hombre es hombre pero puede ser mujer o mujer pero puede ser hombre; o lo es sólo mientras no sufre y, si sufre puede dejar de serlo -muerte “digna” y suicidio-; me parece que hay una pérdida de calidad de lo que es ser Hombre en todo este proceso que sólo nos puede perjudicar a todos nosotros, por más que a la generalidad de los políticos les guste hacernos creer que es un avance en los “derechos civiles”…

Las democracias occidentales nacieron de sociedades cristianas, democracias que luego fueron volviéndose aconfesionales, laicas, y, al final, en mayor o menor medida intolerantes con el cristianismo según iban adaptando las modas ideológicas.

Al final ocurre como con esos apuntes que manejábamos en la facultad, que al pasar de unas manos a otras, y de fotocopia a fotocopiadora, iban perdiendo legibilidad con respecto al original, hasta el punto de dificultarse su lectura, bien por no resultar lo suficientemente claras, bien por perderse algunas palabras, e incluso algunos renglones de cabecera o pie, sin olvidar tampoco los márgenes laterales, al no centrarse bien el documento a la hora de reproducirlo.

Como estas fotocopias de fotocopias de fotocopias, nuestras sociedades han perdido la esencia y el significado del documento original. Por eso, más que nunca, deben volver a sus raíces cristianas, y retomar la idea de que la norma positiva sólo es legítima en la medida que sea reflejo del derecho natural, ese “orden de la existencia”, que señalaba Johannes Messner. Sin olvidar la idea de justicia que siempre debe estar presente, pues “La ley extremadamente injusta no es verdadera ley”. Y no se me ocurre un mejor ejemplo que el aborto, del que Santa Teresa de Calcuta decía: “Si esto no está mal, nada está mal”.

Y es que los católicos parecemos haber olvidado que es una exigencia para nosotros luchar por la implantación del Reinado Social de Cristo, y que “la construcción de la sociedad humana no podrá alcanzar sus propios fines naturales sin ser ordenada a Jesucristo, Creador y Salvador. Él, en cuanto Creador, ha constituido la sociedad humana basándola sobre el matrimonio y la familia, sobre el amor recíproco y sobre la autoridad. Siempre como Creador, el Señor ha dado a la sociedad las reglas de la convivencia, fijando en cada cosa sus límites. Como Redentor, el Señor Jesús ha re-creado por segunda vez el mundo después del pecado y al final recapitulará todas las cosas en Sí mismo, tanto las del Cielo como las de la tierra. Jesucristo tiene un señorío absoluto sobre la historia y el mundo”.

“La constitución Lumen Gentium dice que los laicos deben “ordenar los asuntos temporales según Dios”. El decreto Apostolicam actuositatem enseña que corresponde a los laicos “llenar de espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes, y las estructuras de la comunidad en que uno vive” (n. 13)”.

“El Catecismo de la Iglesia Católica dedica a este tema sobre todo el apartado 2105, donde se reitera “la realeza de Cristo sobre toda la creación y, en particular, sobre las sociedades humanas”. 

“Juan Pablo II enunció esta doctrina desde el primer momento, en la homilía de su primera Misa como Pontífice: “¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo”.

Benedicto XVI ha subrayado en repetidas ocasiones el concepto de realeza de Cristo: (…) Lo ha hecho también el 19 de enero 2012 con una frase lapidaria: “no existe un reino de cuestiones terrenas que pueda sustraerse al Creador y a su dominio”.

“Sobre el principio del reinado de Cristo se basa la Doctrina social de la Iglesia. ¿Por qué? (…) Benedicto XVI dijo que la necesidad de la nueva evangelización se remonta al siglo dieciocho, cuando los Estados querían eliminar a Dios del espacio público. Pues bien, la [moderna] Doctrina social de la Iglesia comienza allí, sobre todo con León XIII, a poner a Dios en el centro de la construcción de la sociedad y de la política (…) Cien años después, en la Centesimus annus, Juan Pablo II confirma esta enseñanza: “Como entonces, hay que repetir que no existe verdadera solución para la «cuestión social» fuera del Evangelio” (n. 5). Sólo la referencia a Cristo salva a la sociedad y permite realmente identificar y perseguir el bien común. Y esto no es otra cosa que la doctrina del reinado social de Cristo”.

[TODOS LOS ENTRECOMILLADOS FORMAN PARTE DEL INTERESANTE ARTÍCULO TITULADO: “LA DOCTRINA DEL REINADO SOCIAL DE CRISTO, PUBLICADO EN CATHOLIC.NET http://es.catholic.net/op/articulos/55960/cat/414/la-doctrina-del-reinado-social-de-cristo-.html#modal]

Es por todo lo expresado hasta ahora, que considero que la crisis de la sociedad occidental radica en el divorcio entre Dios y la política o, mejor dicho, entre la política y Dios; consentido por todos los cristianos que no creen que Dios sea una realidad absoluta que todo lo abarca, sino un compartimento estanco que no debe inundar todas las demás realidades, reservándose la religión para su esfera íntima, de pecho para adentro, como si Dios no nos hubiera ordenado ser la sal de la tierra y la luz del mundo…

Sin embargo Christ Toniotto no es una cristiana tibia, sino sal que sala y luz que luce. La diputada federal brasileña ha consagrado su mandato “a Cristo, Rey del Universo”, reafirmando su compromiso moral “en la defensa de la vida desde la concepción, en la defensa de la familia, de los valores cristianos, en el combate contra el aborto, la ideología de género, la corrupción y el crimen”, bajo el firme propósito de servir a su país “con todo el amor, la ética, la idoneidad moral y el vigor a que tanto inspira mi fe católica”, y concluyendo de forma magistral: “Les deseo a todos un excelente y bendecido mandato y que Dios bendiga nuestras acciones en esta casa legislativa. ¡Viva Cristo Rey!

¿Os imagináis a un político en España hablar así? Yo no dejo de soñarlo, aunque sólo sea porque toda realidad humana fue primero soñada.

Dios con todos.

Texto: el Conde de Bobadilla.

Articulo publicado en Numen Digital, el 3/03/19.

Rafael D. Aguilar Poyatos.

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