La sociedad del «deseo» convertido en Derecho. No, no existe el derecho a la Eutanasia.

Recuerdo que en mis tiempos de estudiante, cuando contacté por primera vez con la asignatura de Derecho Civil, nos enseñaron que las Fuentes del Derecho son la doctrina, los principios generales del derecho (derecho NATURAL), tratados internacionales, la jurisprudencia y los usos y costumbres (siempre que no vayan en contra de las fuentes anteriores), pero jamás nos enseñaron que los anhelos o deseos de las personas pudieran ser fuente de derechos.

La posesión no colma las expectativas de la condición humana.

Asistimos impasibles a un tiempo en el que las minorías imponen su criterio a base de exigirlos en formas de «derecho» y claro, nos encontramos en las últimas décadas con una serie de aberraciones jurídicas que, esperamos, más pronto que tarde, la historia ponga en su sitio: derecho al aborto, derecho al matrimonio homosexual, derecho a tener un hijo, derechos de los animales…

Los últimos 70 años han traído a los países occidentales un crecimiento económico y unos niveles adquisitivos desconocidos anteriormente en la historia y es que, a fuerza de tener cada vez más, se amplia la capacidad del deseo, abierto a expectativas imprevisibles. Se convierte en derecho todo impulso de los sentimientos, y en represión su límite. Esa confusión entre deseo y derecho provoca graves desarrraigos y no pocos malestares, especialmente en momentos cruciales del ser humano, como el nacimiento o la muerte.

Las parejas quieren que el Estado les asegure el derecho a tener hijos. Y el enfermo desesperado, que sufre su dolencia en soledad, reivindica el derecho a disponer de su vida. Antes, la mujer embarazada, había conseguido poder disponer de su cuerpo, aun prescindiendo de hecho de una vida incipiente autónoma.

La urgencia jurídica de algunos deseos puede estar muy desenfocada, como se comprueba en el debate sobre eutanasia. En Italia, por ejemplo, apenas un año después de la dramática muerte en Udine de Eluana Englaro, tras 17 años en coma, la Cámara de los Diputados aprobó prácticamente por unanimidad (476 votos a favor, dos abstenciones) una ley para garantizar a los enfermos terminales el acceso a los cuidados paliativos y, en general, a las terapias del dolor.

El gobierno italiano consiguió unanimidad, porque supo separar este problema de otro, conexo pero distinto, y más debatido: el establecimiento del llamado testamento vital, que prevé disposiciones personales de los ciudadanos para su atención médica en la etapa final de la vida. Ahora, para las autoridades italianas, es urgente atender adecuadamente a las personas más débiles, y asegurar un prudente equilibrio entre la tutela de la vida y la libertad de elección de terapias.

Los políticos italianos de izquierda y derecha fueron capaces de conseguir el objetivo de asistir a los enfermos más graves del mejor modo posible hasta el término de su vida, ya es hora de exigir a nuestros políticos que sean capaces de anteponer la dignidad de la persona al anhelo de quien, ante un horizonte de sufrimiento, solo desea no sufrir y si la única via que le ofrecen para ello es la muerte, no dudará en elegir su propia muerte.

Asociación Cristianos en Democracia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *