El precio del paraíso de la república socialista Soviética

El Holodomor de ucrania representa uno de los mayores ejemplos del mal atroz perpetrado por la república socialista soviética en la humanidad y muy ocultado hasta nuestros días. Provocaron la muerte por hambre a una cifra de niños mujeres y hombres que oscila entre los 5 y 10 millones, y fomentó la prostitución, los robos, asesinatos y el canibalismo entre familiares, y todo ello para imponer mediante la propiedad pública de los medios de producción, es decir, la confiscación a los agricultores de sus tierras y sus herramientas de trabajo para alcanzar el paraíso socialista.

Muchos agricultores se rebelaron contra dicha expropiación y las revueltas se contaban por centenares, sin embargo, dada la importancia de Ucrania como centro productor de cereales, clave para la alimentación de la Unión Soviética, Stalin decidió tomar cartas en el asunto enviando un ejército de policía secreta que reprimieron a Ucrania durísimamente. Concretamente, aislaron a Ucrania limitando el acceso o la salida de personas y alimentos al país, y a la vez, requisaron el alimento almacenado en todas las casas, especialmente en las zonas rurales, para redistribuirlo por el resto de la URSS y exportarlo. De modo que el hambre no tardó en hacerse notar en la región, y miles de ucranianos fueron muriendo, empezando por los buenos, los que no robaban, los que no se prostituían, los que compartían comida o rechazaban el canibalismo, esos morían primero. Aquellas personas que no querían asesinar para comer solían morir antes, o aquellos padres que se resistían al canibalismo morían antes que sus hijos.
Pero poco a poco el hambre se fue extendiendo hacia el resto también, llegando a alcanzar una cifra que oscila entre los 5 y los 10 millones de ucranianos. Una cifra nada distante del holocausto nazi, pero que el gobierno de la república socialista soviética se encargo de ocultar muy diligentemente, mediante la restricción de entrada de periodistas o el desarrollo de contrapropaganda para desacreditar el holocausto. De este modo, tras el fin del castigo impuesto por Stalin a la nación ucraniana para doblegarla, impidió que fuera recordado o que se les hiciese algún homenaje de ningún tipo a las víctimas del genocidio.
Por otra parte, el pragmatismo de Stalin era atroz mientras el gobierno de la república socialista requisaba los alimentos de los famélicos y moribundos ucranianos, una parte de ellos los dedicaba a la venta e mercados internacionales, a fin de conseguir liquidez para invertir en la industrialización del país.

Este es el precio que la república socialista soviética pagó, de muy buena gana para lograr el paraíso socialista del trabajador, paraíso que en ningún caso produciría en la misma cantidad per cápita que EE.UU. o los países europeos del oeste. Paraíso, que terminó colapsando por su absoluta inviabilidad, y paraíso, que esclavizó a sus habitantes como no lo había hecho ningún otro estado de la edad media. Y para ese estrepitoso fracaso y gran fraude tuvieron que morir millones de niños, mujeres y hombres.
Así como la ideología fascista tiene la marca indeleble del holocausto nazi, la ideología socialista lleva aparejada la marca indeleble del holodomor ucraniano, que en su expresión comunista contribuyó a asesinar a más de 100 millones de personas en el mundo. La diferencia es que los crímenes del fascismo están a la vista del todo el mundo a través de museos, imágenes, noticias y películas, especialmente porque perdieron la guerra, en cambio los países con ideología de izquierdas no perdieron la guerra o al menos no incondicionalmente como los nazis, por lo que sus inmensos crímenes no están a la vista de todos. En este sentido, la UE ha condenado recientemente ambas ideologías, (nazismo y comunismo), con gran justicia y recomienda investigar los crímenes de ambas en el territorio europeo. Esa tarea debería ser diligentemente llevada acabo en España, y sería muy recomendable que lo fuera en muchos países de Iberoamérica.

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