España «sosa»: ¿Dónde está la Luz de los Cristianos? (Crítica al «cristianismo social»).

España se ha vuelto sosa, muy sosa. Hace década que la luz de los Cristianos «brilla por su ausencia» en el debate público y, que nosotros sepamos, Jesucristo no se limitó a hablar solo para aquellos que lo querían escuchar, sino que hablaba para todos, en todos los lugares y en todo momento.

No, Jesucristo no hablaba solo en el Templo o las Sinagogas… recorrió pueblos, plazas y campos, y predicaba en todo momento. Al igual que los apóstoles que con él vivieron, a los que amenazaron severamente para no volver a hablar de Jesucristo en público, so pena de muerte, cuya respuesta fué que «mejor es obedecer a Dios antes que a los hombres».

Si la luz se reconoce por sus obras, poca luz queda en España

¿Entonces, a que jugamos? ¿A quien se supone que seguimos? Jesucristo no murió por nosotros para que nos lo guardemos para nosotros mismos. Tampoco para que nos dediquemos a la «acción social» ¿Porqué hemos abandonado entonces el debate público y la defensa de la verdad? ¿Acaso nos hemos creído esa mentira piadosa de dejar nuestras creencias para nuestro ámbito privado? ¿o para nuestras «obras sociales»? No es que esté mal eso; lo que está mal es quedarnos «solo» en eso.

En la homilía de la Eucaristía de hoy, cuenta un sacerdote una historia que explica mucho mejor que nosotros lo que queremos decir: En una tierra de Misión, los terratenientes no pagaban el jornal a sus empleados, sino que se lo cambiaban por «vales» de alimentos en los ultramarinos del pueblo, que también era propiedad suya. Ante semejante injusticia, los misioneros pusieron todo de su parte para que los malvados terratenientes pagaran con dinero el trabajo y lo consiguieron. Al cabo del tiempo una mujer les dijo a los misioneros que ese «logro social» había sido una tragedia para sus familias, pues antes al menos comían a diario pero ahora los hombres gastaban su dinero en bebida y prostitutas…

Ejemplos como este no hacen sino mostrarnos la importancia del orden de los factores, que en este caso, si altera el producto. Si cambiamos nuestra misión (anunciar el evangelio) por las cuestiones puramente «sociales» , estaremos renunciando a la verdad y entregando al señor de este mundo a todas aquellas personas a las que, erróneamente, creemos estar ayudando.

Justa es la acción social, pero esta debería venir como consecuencia del anuncio del evangelio y del Amor de Dios, y en lugar de este. España ha abandonado el anuncio de la verdad y del evangelio y lo ha cambiado por miles de activistas sociales que cada día hacen mucho bien por nuestra sociedad. Pero España es tierra de abortos, con más de 90.000 niños abortados al año; España es país de Divorcios, con casi el 47% de los nuevos matrimonios rotos antes del tercer año y España pronto se convertirá en tierra de muerte para los mayores, con la Eutanasia a punto de ser aprobada… POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS. ¿De que nos sirven entonces las Cáritas, los bancos de alimentos, los hogares de acogida, si entregamos a toda la gente que ayudamos a un mundo en el que perderán su alma?

Esperamos que nadie malinterprete nuestras palabras pues no estamos contra la acción social, sino a favor de que, a cambio de la misma, renunciemos a nuestra misión, pues Jesucristo no dijo a sus Apóstoles «id y ayudad a todas las gentes» ni tan siquiera «id y haced el bien a todas las gentes»… Jesucristo solo no dio una misión: La de IR Y ANUNCIAR SU RESURRECCIÓN y el Amor de Dios a todas las gentes, porque en la conversión del alma, y no de las economías domésticas, está la salvación del mundo.

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