Celebremos el AMOR, pero el AMOR DE VERDAD.

Si hablamos de Amor, no hay Amor más grande que dar tu vida por el otro. Si ese otro además no está dispuesto a hacer lo por tí, mucho mejor. Y si encima es Dios el que hace eso por tí, por mí, por todos nosotros, por los justos y por los injustos, entonces entenderemos que el verdadero AMOR no tiene forma de corazón, sino de CRUZ.

Ánimo, Dios nos ama como somos

Hoy es un día que los grandes almacenes han determinado como «San Valentín, el día del amor y la amistad». Se acerca la Cuaresma, un tiempo donde podremos degustar con más fuerza la misericordia y el amor de Dios y navegando por Internet buscando información sobre este día, nos encontramos con esta fantástica reflexión en CATHOLIC.NET que ahora os compartimos.

¿Realmente celebramos el amor?

Ya tengo suficiente edad para comentarles cómo ha ido cambiando este día de San Valentín. Empezó ya hace algunas décadas como el día de los novios. Quién sabe cómo, al bueno de san Valentín lo mezclaron en esto. A lo mejor es por la valentía que se requiere hoy en día para ser novios, por aquello del compromiso y todo lo demás. Evidentemente los comerciantes, siempre tan preocupados por nuestro bienestar, se dieron cuenta de que no había suficiente número de novios para que el día fuera rentable y le pusieron el día del amor. Después de todo, hay más gente que se ama que novios. Algo mejoró la cosa, pero seguía siendo muy comprometedor regalar algo en este día; casi casi equivalía a una declaración amorosa. No hay problema; la creatividad del comerciante es inagotable. «Que sea el día del amor y la amistad», dijeron, y así aumenta el «segmento meta», como dicen los mercadólogos (o sea los posibles compradores, dicho en español). Y así fue como llegamos a este Día del Amor y la Amistad.

Por supuesto, ya para el tres de enero podía uno encontrar en las tiendas toda clase de artículos, de todos los precios y grados de cursilería para regalar a todos (y todas) los que hacen latir nuestros corazones.

Sin embargo, algo queda en el fondo. ¿A qué le estamos llamando amor? Estas celebraciones, ¿verdaderamente hacen que celebremos el amor? ¿El verdadero amor? De seguro, mas de alguno de ustedes ya está pensando: «¡Pero qué ingenuo es este señor!» Y tienen razón. El amor, una de las grandes virtudes y valores, se devalúa día a día. Ya no es esa virtud de los fuertes, de los capaces de dar su vida por los amigos, de los que morían pidiendo a Dios que perdonara a sus asesinos, de los que se habían vencido en grado heroico para darse a su familia, a sus semejantes, a la mujer amada. De los que podían tener la capacidad de decidir dar su amor para toda la vida, dispuestos a superar los roces y dificultades de la diaria convivencia, de la salud y la enfermedad, de lo próspero y de lo adverso. Hoy es algo azucarado (o mejor, endulzado con algún sustituto para no subir de peso), que dura lo que dura la ilusión que, por definición, es transitoria; que existe lo que dura la excitación sexual o lo que tarda en aparecer.

Ustedes perdonen; no puedo dejar de ser ingenuo e idealista en esto del amor. Y los invito a ser igual de idealistas. A este mundo, le urge amor, amor de a de veras, amor fuerte, amor-decisión, amor-entrega, amor para siempre. Amor con mayúscula y sin adjetivos. Amor a la familia, amor al prójimo, amor a los extraños, amor… ¡el colmo!, a nuestros enemigos y a los que nos desean el mal. Qué duro, ¿verdad? Pero qué necesario, qué importante, qué urgente. Súmese a la minoría de los que intentamos (y casi nunca logramos, pero seguimos intentando) vivir un amor así. Y le aseguro que esa lucha por amar de verdad nos hará más bien que un siglo de celebrar el Día del Amor y de la Amistad.

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