Los Dominicos en América: Más de 800 años al servicio del Evangelio

Valiéndome que la Iglesia Católica, celebra el 8 de agosto la festividad por Santo Domingo de Guzmán, por su ardor, celo apostólico, contribución a la Iglesia Universal y, por ende, a toda la humanidad, hemos querido dedicar esta semana, en la línea de desvelar las falsedades que se ciernen sobre España y la Iglesia durante su presencia en América desde finales del siglo XV, a hablar sobre esta destacada figura, la fundación de la orden y su labor evangelizadora en el Nuevo Mundo.

Así pues, debemos empezar diciendo que “Enviados a predicar el evangelio”, fue el tema elegido por los dominicos en el año 2016, para celebrar el VIII centenario de su fundación, cumpliéndose el año que viene, igualmente ocho siglos de la muerte de su fundador.

Y es que es verdad, lo que dice la San Pedro en su segunda carta “ Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día “apremiándolos a la conversión y no distraerse con falsas doctrinas que no satisfacen el alma; no viviendo como si la predicación de la Buena Noticia fuera una asunto sin importancia, más cuando es la clave de la felicidad y la manera de degustar el cielo en la tierra.

Antigua Catedral de Santo Domingo (de la Ascensión) en Ecuador y detalle ampliado del azulejo donde se observa la escena entre la Iglesia Católica, (dominicos), los indios Tsáchilas y en el centro y en alto a la Virgen María Coronada con el niño Jesús.

De este modo, los dominicos, conocedores que los planes del Todopoderoso no entienden de nuestra concepción del tiempo, siguen en pie de guerra desde el siglo XIII hasta la actualidad. De tal modo, que Dios en su infinita sabiduría ya los estaría preparando más de 200 años antes del descubrimiento de América, para que se fundaran y aprobaran las ordenes de los dominicos y los franciscanos, las cuales no solo ayudaron a sostener en un momento de gran tribulación a Iglesia Católica a principios el S.XIII, según le fue revelado en una visión al Papa Honorio III, y a los Santos Padres; sino que también fueron los primeros en lanzarse a la evangelización del continente americano, seguidos de los Jesuitas, mencionados en el artículo anterior.

Santo Domingo de Guzmán y la Fundación de la orden de Predicadores

Según nos comenta Padre dominico Manuel Jesús Romero en su artículo “Los Dominicos en América Latina y el Caribe” Los dominicos, también conocidos como ‘Orden de Predicadores’, constituyen una congregación religiosa cuyo nacimiento hemos de situar entre la primera y segunda década del siglo XIII en el sur de Francia, siendo el fundador de la Orden de Predicadores, Santo Domingo de Guzmán.

Desde sus inicios, los predicadores (otro nombre que también reciben los dominicos) se van a dedicar, sobre todo, a la predicación doctrinal, a la conversión de los herejes, a la evangelización de los paganos, a la formación religiosa de los laicos, a la creación de cofradías y hermandades de carácter religioso (sobre todo del rosario) y social, al estudio de la Biblia, a la docencia universitaria y a la elaboración sistemática de  la reflexión teológica, junto a otras actividades propias del mundo clerical. Muchos de sus miembros destacaron por su reconocida ciencia, prudencia y sabiduría, en todos los campos del saber, de las artes y de las ciencias como profesores, maestros, confesores, consejeros, juristas, consultores, jueces, artistas, literatos… y, sobre todo, como teólogos. Los dominicos, desde sus inicios, han sido señalados como defensores de la fe y de la dignidad humana.

Dominicos de renombre han sido: Alberto Magno, Tomás de Aquino, Catalina de Siena, Vicente Ferrer, Fray Angélico, Francisco de Vitoria, Bartolomé de Las Casas, San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima, Savonarola, Tomás de Torquemada, Lebret, Chenu, Congar y Dominique Pire (Premio Nobel de la Paz en 1958) entre muchos otros. En la actualidad, dominicos sobradamente conocidos son, entre otros: Frei Betto, Gustavo Gutiérrez, E. Schillebeeckx, o el actual obispo de Saltillo (México) José Raúl Vera López.

Los Dominicos en América Latina y El Caribe

Con la llegada de los europeos en 1492 se inicia un largo periodo colonial para América Latina y El Caribe que va hasta finales del siglo XIX. Durante ese periodo, la Iglesia, como estamento e institución, fue uno de los pilares básicos sobre el que se edificó, y sostuvo, la estructura colonial hispánica.

En el otoño de 1510 llegan los dominicos a la ciudad de Santo Domingo, hoy capital de la República Dominicana (la Isla La Española), para llevar a cabo su actividad eclesial. No pasando mucho tiempo en dejarse sentir su presencia, y convirtiéndose en uno de los actores de la vida de la Iglesia y de la sociedad.

Los dominicos vinieron a América con el ideal y propósito de evangelizar. Vinieron para quedarse y realizar el trabajo para el que habían nacido: ayudar y acompañar a hombres y mujeres en la historia de la salvación por medio de la predicación y la compasión. Tal como se dice en una Carta del Maestro General de la Orden en 1508, Tomás de Vio Cayetano, los religiosos dominicos debían venir a estas tierras “a fundar conventos y a predicar la Palabra de Dios” y entre sus cosas debían traer “sus libros”.

El primer grupo de dominicos, encabezados por Fr. Pedro de Córdoba, procedentes de distintos conventos de España, llegó, como ya hemos dicho, en septiembre de 1510 a la ciudad de Santo Domingo, entonces el núcleo urbano colonial más importante, sede de la administración, residencia del gobernador, plataforma de las expediciones de conquista hacia otros territorios y puente entre España y las tierras americanas. Llegaron sin ruido ni alarde, de forma discreta. Durante el primer año se dedicaron a observar cuidadosamente todo cuanto sucedía en la colonia y a evangelizar a los, ya escasos, indígenas que encontraron en la isla, para a continuación empezar a predicar, apoyados por traductores, durante unas horas los domingos y las grandes festividades, en los espacios donde pobremente se alojaban, iniciando una campaña sistemática de evangelización entre los indígenas.

Fruto de sus atentas observaciones, de los encuentros misioneros con los indígenas y de la escucha atenta de la Palabra de Dios, orada en comunidad, a poco más del año de su llegada, en diciembre de 1511, Antonio Montesinos, en nombre de todos los dominicos que había en La Española, pronunciará el famoso sermón de Adviento, compuesto y firmado por toda la comunidad de religiosos,  denunciando  las deplorables condiciones de vida, los maltratos, abusos y violaciones a que estaban sometidos los indígenas, llegando hasta nosotros un  fragmento de aquel sermón, cuyo original se perdió, en una de las obras de Bartolomé de Las Casas.

De este modo, como resultado de esta denuncia, del apoyo decidido de otros destacados dominicos de España (aglutinados en la famosa Escuela de Salamanca) y de muchos otros acontecimientos, se puso en marcha todo un mecanismo y conglomerado jurídico que constituirá la base del nacimiento del actual derecho internacional, constituido en Las Leyes de Burgos de 1512 y las Leyes Nuevas de Indias de 1542 en las que se unía el Evangelio al derecho de gentes.

El Estudio y la Evangelización en Comunidad

Los dominicos siempre han tenido muy claro desde su fundación y así lo exponía Santo Domingo de Guzmán, que antes de predicar debían formarse duramente mediante el estudio, la penitencia y la oración, para poder predicar con argumentos sólidos y firmes antes las herejías, anunciar la Buena Noticia y denunciar con valentía y caridad, los pecados de los hombres, como hizo Nuestro Señor Jesucristo durante su vida pública. Y por otro lado, formar a las personas en una buena educación basada en valores de verdaderos cristianos, destacando así desde los comienzos de su presencia en América su dedicación a la enseñanza en todos los niveles educativos.

Consecuencia de este esfuerzo , es el origen de que algunas de las actuales universidades latinoamericanas y caribeñas hayan estado en los claustros de los conventos dominicos, y se hayan constituido como las primeras en el nuevo mundo como la Universidad Autónoma de Santo Domingo, primera de América, la Universidad de San Marcos en Lima, la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad de San Jerónimo de La Habana, la Universidad de Santo Tomás de Quito, etc…,así como numerosos colegios, escuelas centros de estudios de teología, y otros centros e instituciones dedicados a la documentación e investigación, que siguen realizando su labor actualmente.

Santo Domingo de los Tsáchilas (Ecuador):modelo de Encuentro y Fraternidad

Debido a mi estancia profesional en Ecuador durante dos años y más concretamente en la ciudad de Santo Domingo capital de la Provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas, cuarta urbe más poblada del país andino, localizada al centro-norte de la región litoral del Ecuador y a una altitud de 635 msnm y con un clima lluvioso tropical de 23°C en promedio. No quiero que se me pase este enclave geográfico como modelo de encuentro y fraternidad entre la Civilización Cristiana Católica Occidental y la Cultura Indígena de los Tsáchilas, mostrándolo claramente en el nombre de la ciudad y de la Provincia, dedicada al Santo que nos conmina en el día de hoy.

En la que se combinaron, con sus dificultades propias, la acogida y asimilación de la Fé Católica y su doctrina moral con la existencia de las costumbres, y rasgos culturales de los naturales de la región (comida, vestimenta, música…). Hecho que nos demuestra que los españoles y la Iglesia Católica no llevaron a cabo un genocidio y extinción, como siempre nos han querido hacer ver, pues solo observando este ejemplo, junto a la prueba de que la mayoría de la población es mestiza no solo aquí, sino en toda Hispanoamérica, nos demuestra que los españoles no excluían a las indígenas, sino que quisieron formar una nueva sociedad; condenando por supuesto los abusos y actos violentos que desgraciadamente también se dieron, pero no por ello pagando todos por unos cuantos. Dato muy importante e irrefutable si tenemos en cuenta el exterminio llevado a cabo por otros países europeos en otras latitudes del planeta y creadores de la leyenda Negra contra el Imperio Español y del revisionismo histórico que nos azota actualmente, lavando las mentes de las nuevas generaciones y de aquellos que se dejan adoctrinar con la nueva historia.

De este modo, tras la llegada de los primeros colonizadores españoles en 1542, el nombre de Santo Domingo se origina hacia 1660 con la presencia de la orden de predicadores dominicos que evangelizaron a los pueblos colorados de Cocaniguas, Yambe, San Francisco, San Miguel y Santo Domingo.; mientras que el término colorados se refiere a la costumbre de los indígenas Tsáchila de pintarse el pelo de un tono rojizo con unto de achiote.

Hoy en día, hay una gran cantidad de colegios religiosos junto a la Pontificia Universidad Católica del Ecuador llevada por otros misioneros católicos, en la que pude desempeñar labores educativas; experimentando el poder enseñar a aquellos que quieren escuchar y aprender con sinceridad, pues allí, aunque existe una gran pobreza y subdesarrollo en general, pervive en la sociedad una profunda convicción y confianza en la providencia de Dios en medio de su precaria situación. A diferencia, de la gran crisis de valores que asola a nuestros jóvenes y a la sociedad del denominado Primer Mundo, que por abandonar a Dios ha olvidado su lugar y destino en la historia de la humanidad.

Santo Domingo, Patrón y Protector en América

Por último. es muy importante destacar el patronazgo y devoción dedicado a Santo Domingo de Guzmán a lo largo y ancho de Hispanoamérica, fruto de la labor evangelizadora de esta orden de predicadores.

De este forma, debemos citar como se hace presente en Argentina, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Venezuela, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, cuya nomenclatura y la de su capital Santo Domingo de Guzmán derivan del nombre de la orden de los Dominicos y del nombre del Santo. Sin olvidarnos, por supuesto de su devoción en Europa, fundamentalmente en Bolonia Italia y en España en Málaga y Burgos de donde era oriundo

Conclusión

Y ya para terminar, y no aburrir al personal, no podemos pensar que ya está todo hecho, pues debemos seguir pidiéndole al Señor misericordioso y a la Virgen María, de gran devoción en América, para que nos ayude e inspire a SS. Francisco en su ardua misión de guiar al pueblo de Dios en estos tiempos de tantas divisiones y luchas (guerras, epidemias, enfrentamientos ideológicos…) donde al final sufren los más débiles

Sirviéndome de estas últimas líneas, si me permiten los lectores, para pedir por el mundo y España, instrumento de evangelización en América, la cual ha sido sacudida últimamente con la grave noticia de la salida de su S.M.D .Juan Carlos I, que como hombre habrá tenido sus luces y sus sombras, pero que nadie objetivamente puede negar que ha sido una figura de gran relevancia en los últimos sesenta años de la historia de España. Por lo que coincidiendo con la Conferencia Episcopal Española, respetamos su decisión y el reconocimiento por su decisiva contribución a la democracia y a la concordia entre los españoles, que nos han permitido vivir en paz y prosperidad.

Así que, después de todo, parece ahora que es España y Europa, las que tiene que ser reevangelizadas por América; y es que los caminos del Señor son inescrutables…

Unidos en oración, reciban un cordial saludo.

Jesús Rivera

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