Cuando el papa fue secuestrado por la revolución francesa y murió en la cárcel.

La revolución francesa es sin duda uno de los fenómenos más diabólicos que se han producido en la historia de la humanidad, y una de la multitud de pruebas de ello consistió en la histérica y obsesiva lucha de los revolucionarios contra la iglesia católica. La asamblea nacional francesa además de haber desposeído a la iglesia de sus propiedades en Francia durante 1789, obligó a los sacerdotes y obispos a cambiar su obediencia hacia a la asamblea nacional francesa en lugar del papa, en lo que llegó a denominarse constitución civil del clero. Los sacerdotes que no obedecían este mandato quedaban automáticamente proscritos y naturalmente no recibirían ningún salario de la asamblea, por lo que se vieron abocados a la mendicidad.

Pío VI ( wikimedia)2020)


El papa Pío VI condenó tanto la nueva constitución civil del clero por resultar herética como la carta de derechos humanos, debido a que en su articulado no se contemplaba a Dios, lo cual contribuyó a incrementar la tensión entre la asamblea nacional con el Papa. A este desencuentro se añade otro más: La asamblea nacional decidió condenar el Rey a muerte en 1793 en la guillotina. El papa Pío horrorizado por este hecho también lo condenó, celebró unas exequias para el difunto y aceptó el inicio de un posible proceso de beatificación del Rey. La consecuencia de todo ello fue que la república francesa llena de ira envío un amplio contingente de soldados para invadir los estados pontificios.

La primera batalla fue ganada por la Francia revolucionaria y los Estados Pontificios se vieron obligados a firmar un tratado de paz con Francia que incluyó el pago de una cantidad millonaria. Sin embargo, un grupo de exaltados republicanos franceses e italianos tomaron la determinación de asesinar al embajador francés en Roma, por lo que se reanudaron las hostilidades entre Francia y los estados pontificios.

Finalmente, las tropas francesas vencieron y entraron en Roma y obligaron al papa a abdicar a lo que él se negó. En consecuencia, el general francés encargado de aquella campaña (Berthier)  decidió tomar Roma y convertirla en una república. Posteriormente, el general decidió llevar al papa  a Cerdeña, pero viendo su estado de salud lo llevo a Valençe en Francia donde permaneció preso y no volvió a salir en vida.


El largo viaje que realizó, su avanzada edad y precaria salud dio lugar a su fallecimiento a los seis meses de haberse iniciado el secuestro. El funcionario que registro el fallecimiento de Pio VI escribió una nota certificando el fallecimiento con las siguientes palabras: «Falleció el ciudadano Braschi, que ejercía profesión de pontífice». Igualmente, muchos periódicos escribieron titulares similares a este: “Pío VI y último”. Estaban absolutamente convencidos de que la iglesia católica no volvería a tener más papas porque iba a desaparecer.


Finalmente, tras el concordato del Vaticano y  Napoleón, se aceptó que  Pío VI fuera exhumado y llevado de vuelta a Roma donde permanecería enterrado hasta la actualidad. Una historia desconocida para muchos pero real y que evidencia una política de acoso y derribo a la iglesia católica por el gobierno de la Revolución francesa y la mayoría de los regímenes que ésta ha influido en ele mundo.

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