Las Monarquías son menos corruptas y favorecen más el desarrollo que las repúblicas

El aparato propagandístico de las revoluciones liberales europeas vigente desde hace 200 años, ha hecho creer desde el primer momento que las monarquías (absolutas o parlamentarias) que derrocaban los revolucionarios eran necesariamente más corruptas y generaban más pobreza y menos desarrollo social que las repúblicas de corte laicista y liberal. Esta presuposición pocas veces ha sido analizada sin ningún sesgo o prejuicio, ya que la imagen que las grandes revoluciones de la historia como la revolución francesa o la rusa han dado de la monarquía parlamentaria o no, ha sido absolutamente negativa. Y esa imagen mítica de las revoluciones liberales ha perdurado hasta la actualidad.


Sin embargo, a veces esta propaganda resulta fácil de desmontar, por ejemplo muchas repúblicas como precisamente la francesa o la rusa han producido auténticos asesinos en serie como el burgués Robespierre en Francia o Lenin en Rusia, que han sido considerados como “liberadores”, pero que su gobierno es responsable de genocidios de dimensiones inimaginables, desastres económicos superlativos y naturalmente a establecer una nueva clase política que sigue viviendo del pueblo que paga impuestos gastando tanto o más que las monarquías a las que acusaban.


Por otra parte, durante el siglo XIX y XX la mayor parte de las monarquías que han quedado han evolucionado hacia monarquías parlamentarias según el estilo británico. Así, han llegado a diferenciarse cada vez menos de las repúblicas excepto en algunos aspectos como la duración del mandato del Rey, (que era vitalicio), frente al del presidente de la república (que es una o varias legislaturas). E igualmente se diferencian en que el monarca no pertenece a ningún partido o facción ni depende de un sector de la sociedad que le ha votado, a diferencia del presidente de la república que solamente representa a una facción, pero en casi ningún caso al país por completo.


Así pues, en el presente artículo se ha propuesto la realización de un análisis empírico modesto en el que se trata de analizar si verdaderamente las monarquías (parlamentarias o no) son más corruptas que las repúblicas, si los ciudadanos que viven en repúblicas viven mejor que los ciudadanos que viven en monarquías y si el imperio de la Ley es más respetado en Monarquías o Repúblicas.


Metodología


Para ello, se ha llevado a cabo un estudio sobre una muestra de 171 países diferenciando dos grupos: los países que se definen como repúblicas y los países que se definen como monarquías (parlamentarias o no). Esta información fue codificada de modo binario (1= Monarquía, 0= República) y fue usada como variable explicativa de la existencia de corrupción mediante la variable Corruption Perceptions Index, el desarrollo de los países, mediante el índice de Desarrollo Humano y el respeto a la Ley valorado a través del indicador World Justice Project Rule of Law Index. Esta relación se modelizó mediante un análisis de regresión en el que se han considerado la pertenencia de los países a siete regiones (Norteamérica excluyendo México, Hispanoamérica, Europa, Asia, Oceanía, Magreb y oriente medio y África subsahariana) y a ocho anteriores bloques coloniales (España, Inglaterra, Francia, Portugal, Bélgica, Holanda, Alemania e Italia).

Resultados


Los resultados evidencian una fuerte relación positiva (99%, t-student 3,03, tabla 1) entre la monarquía como método de gobierno y la ausencia corrupción. Igualmente, se obtuvo una fuerte relación positiva (99%, t-student 5,6 tabla 2,) entre la existencia de un método de gobierno monárquico y el desarrollo humano de un país, y finalmente, también resultó positiva y fuertemente significativa la relación entre forma de gobierno Monarquía y el índice del imperio de la ley (99%, t-student 5,1, tabla 3).

Estos resultados son coherentes con la comparativa entre países monárquicos y republicanos de la media del índice de corrupción, el índice de desarrollo humano y del respeto a la Ley tanto a nivel general como en cada una de las respectivas naciones (tablas 4 y 5). Así pues, cabe concluir que los resultados establecen que las monarquías tienen un porcentaje de corrupción significativamente menor, en algunos casos hasta un 40% menos (tabla 5), un mayor respeto por la ley con diferencias cercanas al 20% en europa y una mayor calidad de vida hasta un 15% de diferencia para el conjunto de la muestra, que las repúblicas, tanto para el conjunto de los países como en cada uno de los ámbitos geográficos mencionados.


Discusión y conclusiones


Ante estos resultados cabe considerar en primer lugar que debe realizarse un análisis más profundo sobre la idoneidad de la república como forma de gobierno, ya que este breve estudio empírico sugiere que tres de los parámetros más deseables para cualquier nación: la ausencia de corrupción, el desarrollo y el respeto a la Ley son más propios de las monarquías que de las repúblicas.
Entre los principales factores explicativos cabe destacar el cortoplacismo que caracteriza a las repúblicas en detrimento de las monarquías. Un monarca tiene un proyecto vital y sus decisiones no están condicionadas por el tiempo porque sabe que gobernará a lo largo de su vida y tampoco limitará la influencia de sus acciones porque sabe que a quien pueden beneficiar es alguien a quien se supone que ama: sus hijos. Un presidente de la república en cambio tiene un proyecto que puede desaparecer en un plazo de cuatro, cinco o seis años, y por lo tanto, procurará que los efectos de sus medidas se restrinjan al periodo en el que estima que va a gobernar, para beneficiarse electoralmente él y no sus posibles sucesores que son sus contrincantes. Cabe pensar que la mayor continuidad de las políticas en las monarquías frente a las repúblicas puede explicar la diferencia en cuanto a los valores del IDH de los países monárquicos frente a los republicanos. No obstante esta parece más una explicación para las monarquías de tipo autocrático como las de oriente medio y Magreb o asia que las europeas que son predominantemente monarquías constitucionales.


Otro aspecto interesante diferenciador entre ambos gobiernos consiste en que la monarquía tiene una facultad mayor de moderar los partidos en el poder ya que tiene una perspectiva de continuidad a diferencia de los partidos políticos. De este modo, no son pocos los investigadores que afirman que la monarquía puede contribuir a evitar partidos extremistas o al menos a moderarlos. A este respecto, se ha considerado con frecuencia que el partido Nazi no habría gobernado en Alemania si el gobierno de la nación estuviese sometido al emperador. Este efecto moderador de los monarcas podría explicar el mayor respeto al imperio de la Ley en los países monárquicos que en los republicanos o incluso los valores de menor corrupción.


La figura del monarca como jefes de estado en los regímenes de monarquía parlamentaria puede contribuir a inhibir la tendencia de un partido en el poder y /o su primer ministro a no respetar el imperio de la ley y en consecuencia a reducir la presencia de corrupción gubernamental. El monarca no es de ningún partido y no espera beneficiarse de ninguna medida concreta que favorezca a uno de los partidos en el poder por lo que puede cohibir a quienes deseen transgredir la Ley, o ser un incómodo testigo de un delito gubernamental. A este respecto, parece razonable pensar que la existencia de una monarquía en Venezuela habría contribuido a moderar y contrapesar el poder absoluto que ostenta el partido de Chavez y Maduro.


Igualmente, la cohesión social suele ser mayor en las monarquías ya que los reyes tienen una capacidad mayor de representar a todos los ciudadanos que los presidentes de las repúblicas ya que éstos no dejan de ser miembros de un partido o banda en el poder. Cabe pensar que una sociedad más cohesionada puede estar más desarrollada que una que no lo esté, razón por tanto que podría explicar el diferencial en desarrollo entre las dos modos de gobierno a favor de la monarquía.
Finalmente cabe afirmar que las conclusiones de este breve estudio inducen a considerar la poca idoneidad de una tercera república para España frente a la actual Monarquía Parlamentaria. Es obvio que España ha convivido en paz y ha prosperado en los últimos 40 años de monarquía parlamentaria. No se puede decir que no exista la corrupción ni el infradesarrollo pero al de los datos cabe considerar que con una república España podría empeorar significativamente en estos parámetros.

Referencias:
Bean, C. (1993). Public attitudes on the monarchy‐republic issue. Politics, 28(4), 190-206.
Boynton, G. R., & Loewenberg, G. (1974). The decay of support for monarchy and the Hitler regime in the Federal Republic of Germany. British Journal of Political Science, 4(4), 453-488.
Cox, N., & Miller, R. (2010). Monarchy or Republic?. New Zealand government and politics, 130-144.
Lucas, R. E., Demmelhuber, T., & Derichs, C. (2014). Rethinking the Monarchy–Republic Gap in the Middle East.
Roobol, W. (2011). Twilight of the European Monarchy. EuConst, 7, 272.
Singh, J. S. (2009). From Hindu Monarchy to Secular Republic: Challenges before Nepal’s Constituent Assembly. India Quarterly, 65(3), 295-311.

Anexo de tablas:
Tabla 1: Resultados de la regresión para la variable dependiente: CPI (Corruption Perception Index) (en logs)

Elaboración propia

Tabla 2: Resultados de la regresión para la variable dependiente: HDI (Índice de Desarrollo Humano) (en logs)

Elaboración propia

Tabla 3: Resultados de la regresión para la variable dependiente: HDI (Rule of Law Index) (en logs)

Elaboración propia

Tabla 4: Comparativa entre Monarquía y República

Elaboración propia

Tabla 5. Indicadores según región:

Elaboración propia. *Las regiones restantes no incluyen países con monarquías con información para todas las variables por lo que no se realizó la comparación

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