Jérome Lejeune: un ejemplo para la medicina moderna.

(ABC) El científico católico Jérôme Lejeune va camino de los altares. El Papa Francisco ha aprobado este jueves el decreto que reconoce las «virtudes heroicas» de este médico francés, considerado el «padre de la genética moderna», al descubrir en 1958 que la causa del síndrome de Down era la trisomía del par cromosómico 21.

El genetista fue dolorosamente consciente de cómo la ciencia puede ser un arma de doble filo. La directora del Instituto de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria y secretaria académica de la Cátedra de Bioética de la Fundación Jeròme Lejeune, Elena Postigo, recuerda que tras su hallazgo «se le rindieron todos los honores en el mundo de la ciencia», pero cuando se dio cuenta de «cómo su descubrimiento se podía usar para detectar y acabar con los niños con trisomía» con la despenalización del aborto terapéutico en Francia en 1970 alzó su voz para impedirlo y fue entonces cuando «el mundo de la ciencia le empezó a dejar de lado».

Jérome Lejeune: un ejemplo para la medicina moderna.
Jérome Lejeune: un ejemplo para la medicina moderna.

Lejeune se convirtió entonces en un personaje de referencia para el ámbito provida y católico. «La Iglesia lo llamó para formar parte de la Pontificia Academia para las Ciencias. Juan Pablo II y él se hicieron muy amigos, hasta el punto de que el Papa llegó a decir que Lejeune era la persona más inteligente que había conocido. A través de esta relación, Juan Pablo II vio la necesidad de crear una academia específicamente para defender la vida humana, y nombró a Lejeune su primer presidente», poco antes de su muerte en 1994, recuerda la especialista en Bioética.

Padre de cinco hijos y ferviente católico, Lejeune fue un líder del movimiento pro vida e incluso llegó a plantear iniciativas judiciales en Estados Unidos. Ahora el Papa Francisco da el primer paso para poder beatificarle.

El camino hacia la santidad tiene varias etapas: la primera es ser declarado venerable siervo de Dios, la segunda beato y la tercera santo. Venerable Siervo de Dios es el título que se da a una persona fallecida a la que se reconoce «haber vivido las virtudes de manera heroica».

Para que un venerable sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro debido a su intercesión, y para que sea canonizado, es decir, elevado a santo, se precisa un segundo milagro obrado «por intercesión» después de ser proclamado beato.

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