Hombres de honor.

Ése es el título de una película del año 2000 que cuenta la vida de un hombre y una institución: Carl Brashear y la Escuela de Buceo y Salvamento de la Marina de los Estados Unidos. 
El honor es memoria. Tu memoria personal, de tus palabras y compromisos, de la coherencia de tus acciones; memoria de tus amigos y enemigos, que sabrán qué pueden, y qué no, esperar de ti.

La memoria puede abarcar a un colectivo de merecida fama: una familia, una institución, una empresa, … Un ejército con fama de cobarde será más despreciado por sus enemigos que otro con fama de valiente y la confianza en la victoria es casi la mitad de la posibilidad de éxito.

Está estudiado y demostrado que cuando damos nuestra palabra públicamente nos comprometemos más con lo que dijimos. De igual forma, cuando nos exponemos públicamente de forma consciente, exponemos nuestro honor, nuestro crédito, y aumentamos nuestro compromiso hacia el logro. Quizá por eso unos esconden su presencia en la vida pública y, por el contrario, otros desprecian la palabra honor y el honor mismo.

Por esa razón, un puñado de hombres y mujeres de honor han asumido el compromiso público de lanzar una Asamblea por la vida, la libertad y la dignidad, comprometiéndose ellos y comprometiendo a sus asociaciones, organizaciones o fundaciones en la vida pública a una acción que de ahora en adelante será, por primera vez y de forma histórica, permanente y coordinada. La sociedad civil actuando así es como Calderón definió a la milicia: una religión de hombres honrados.

José A. Ramos-Clemente.
Secretario de Cristianos en Democracia.

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