AMOR y Política.

Lorena, con sus 34 años, es madre de tres hijos, de seis, cuatro y la pequeña de un año.

Tres angelitos endiablados, como dice ella, niños al fin y al cabo, con sus trastadas, sus caprichos y sus rabietas, propias de la edad.

Se enfadan entre ellos, sobre todos los dos mayores, desobedecen en ocasiones, sobre todo a la hora de recoger los juguetes esparcidos por el cuarto que comparten, un día y otro día. Lorena les dice, a modo de enseñanza, que si quieren un poquito a mamá, deben ayudarla y ordenar sus juguetes. Nunca se es demasiado pequeño para inculcarles unas normas de convivencia que faciliten la vida al resto de la familia.

El crecimiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho
El crecimiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho

El segundo hijo, Pablo, le dice que la quiere mucho, pero su amor es egoísta, propio de los niños. Dicen que aman, pero no saben, porque para amar, como decía Sta. Teresa, hay que madurar.

Y aman en la misma proporción que su edad les permite ser maduros. Ni saben ni pueden, es imposible. Aman en tanto y cuanto la vida les ofrece cosas buenas, aman a su madre cuando les da una chuche, cuando les deja echarse más kétchup en el arroz o cuando les permite ver la televisión un rato más.

Aman como saben, van descubriendo el valor del amor e irán creciendo y descubriendo que el amor también es la corrección, que un castigo sin ver televisión, por ejemplo, es educar, enseñar y amar. Crecer, madurar, amar.

Aprender a ser humildes, es decir, a caminar en la verdad, única vía para aprender.

Volviendo a citar a Sta. Teresa “el crecimiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho”.

Sin ánimo de proclamarme juez de nada, me pregunto si estos gobernantes que tenemos tienen madurez del alma, si saben amar.

¿No es cierto tal y como se ha demostrado en muchas ocasiones que buscan su propio beneficio? Los suyos y de los que tienen a su lado, claro.

¿No es cierto que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias pretenden alterar el valor de las cosas, ideas, creencias y moral? Lo legal no implica que sea moralmente aceptable ni legítimo.

¿No ha quedado ya suficientemente constatado que con tal de seguir en el poder se harán todos los pactos, alianzas y aquelarres que sean necesarios y sin importar si estos socios dañan la raíz del árbol de la vida, la fe, la moral, el honor y la verdad?

¿No es este gobierno un gobierno totalitarista que prohíbe la libertad, corrompe la dignidad y va mediante la manipulación de los medios aborregando a las masas, con un señalado dogmatismo ideológico?

Yo lo tengo claro. No, no saben amar, ni huelen lo que es la humildad y pese a que se les ha anunciado la Verdad, no la conocen. Es oír hablar de la Verdad y les salen sarpullidos en su egoísmo.

Quita a Dios de tu vida, y tu vida no tendrá sentido. Estará vacía, y ese vacío querrás llenarlo de ti mismo, incapaz de amar al otro, incapaz de crecer, condenado a ser siempre un niño pequeño, narcisista, inmaduro, egoísta, imberbe en el amor.

En estos tiempos que nos han tocado vivir tenemos a niños con pañales dirigiéndonos, y por el hedor que dejan tras de sí, esos pañales van repletos de «regalitos» (ley del aborto, eutanasia, ataques a la fe, destrucción del concepto de familia, etc).

Termino con un pequeño chispazo de esperanza citando nuevamente a Sta. Teresa: “Si Satanás pudiera amar, dejaría de ser malvado”.

Siempre nos quedará la esperanza.

Jose Maria Garcia Viejo «Jucho»

Asociado

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