Reescribir la Historia… hasta el ridículo

En la batalla ideológica, el frente cultural es fundamental. Y dentro de éste, la Historia es una piedra de toque fundamental. Por ello, la izquierda, ante la dejadez en demasiados casos de la derecha, se ha empeñado en reescribirla a su gusto… hasta el ridículo, como ha ocurrido ahora con la retirada de calles a Churruca, Gravina y Cervera en Baleares… ¡Por Franquistas!

La izquierda trata de reescribir la Historia desde el sectarismo.

Más allá de las carcajadas que provoca esta exhibición de ignorancia, debemos ver la gravedad de lo que hay detrás. Porque, lejos de disculparse o reconocer el error, los promotores del atropello se han enrocado y tratado de justificar con nuevas mentiras su sectarismo. Y, a todo esto, los almirantes siguen sin calles y a los ciudadanos la ‘broma’ nos ha costado miles de euros (15.000 sólo en el informe).

Por desgracia, no es un caso aislado, ni mucho menos. La Ley de Memoria Histórica es un instrumento de revancha política e ideológica para una parte de quienes lucharon en la Guerra Civil. Decimos «una parte», y no de los «perdedores» porque, paradójicamente, muchos de sus promotores y aplaudidores estuvieron en el lado franquista durante la dictadura.

El socialcomunismo español, lejos de seguir el espíritu de la Transición, de cerrar heridas, insiste en la división y en los dos bandos. Y, para ello, se reescribe la Historia. Para ello, para garantizar el pensamiento único imponen por Ley una ética estatal y adoctrinamiento educativo.

Pero, para que sea eficaz del todo, no pueden quedar vestigios que les contradigan, por lo que no tienen reparo en destruir monumentos que demuestren que su versión es, cuando menos, sesgada. Y de ahí los ataques y destrucción de símbolos religiosos, entre ellos la cruz.

Y aquí está la otra pata de esta reescritura. Los ataques a la Iglesia Católica, a la Fe de los ciudadanos. Se trata de marginarlos y eliminar todo signo cristiano en la vida pública, como demuestra el informe presentado por la ACdP sobre la libertad. La persecución a la Cruz es, en realidad, la persecución de los cristianos, de quienes mantienen memoria viva de Cristo y de la Historia.

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