España no es país para familias

Mientras todos nuestros vecinos plantean medidas para revertir el invierno demográfico de Europa, España parece estar cómoda yendo de cabeza hacia la desaparición. Con uno de las peores tasas de nacimiemiento del mundo, agudizado por la pandemia, el Gobierno sigue empeñado en leyes ideológicas y de muerte, y mantener chiringuitos afines que en invertir en la familia.

La familia, maltratada en España

Porque la familia no necesita «ayudas». Es más, las medidas económicas o fiscales que puedan favorecerlas, NO son ayudas. Es inversión. Cada ciudadano devuelve al Estado cinco veces lo invertido en él, como demuestran varios estudios. La familia, además, es el motor de la economía. Cuando la economía de las familias estornuda, la economía mundial se desploma.

Pero esto es algo que los sucesivos gobiernos españoles, de un signo y de otro, no parecen -o no han querido- entender. Unos por sectarismo, porque decir que defiendes a la familia les parecía «muy facha», y otros por desinterés y porque el único interés real suyo era seguir consiguiendo ese voto cautivo porque la oposición era peor…

«Los hijos no son de los padres»

Y así estamos. En un país donde «los hijos nos son de los padres». Un país donde, como dicen los papeles oficiales de la Junta de Andalucía, los padres ya no son ni siquiera «progenitores», sino «guardadores». La nueva ley Rhodes insiste en esta línea, la de la criminalización y debilitamiento de las figuras de padre y madre.

Mención aparte merecen las familias numerosas. Mientras que en el resto de Europa -destacando Hungría– incrementan las ayudas según el número de hijos, en España se penaliza ser familia numerosa, y desde el Gobierno hay interés en retirar las pocas bonificaciones que quedan. Por ejemplo, el Ingreso Mínimo Vital es el mismo para una familia con 3 hijos que con 6. La modificación de las pensiones penaliza a las madres con más de dos hijos… ¿tiene algún sentido esto?

Las familias numerosas, perseguidas

Aunque el problema no es sólo -ni siquiera principalmente- económico. El número de matrimonios sigue hundiéndose, y el matrimonio, con su compromiso, con su vocación de estabilidad y permanencia en el tiempo, es el lugar idóneo para la llegada y crianza de los niños. El hedonismo actual, la falta de compromiso, el falso concepto de amor y su reducción a atracción y sexualidad son incompatibles con el nacimiento y crianza de los hijos.

Es cierto que el panorama economico es aterrador. Pero no es menos cierto que nuestros abuelos y bisabuelos siguieron teniendo hijos tras la guerra civil y tras la devastadora Segunda Guerra Mundial y la terrible posguerra. Se necesita compromiso, se necesitan valores, se necesitan familias.

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