Cuba grita Libertad, el comunismo trata de ahogarla

El pueblo cubano grita «basta«. Los cambios de cromo entre los dirigentes del Partido Comunistas del país no son suficientes tras años de sometimiento a la dictadura. Ni siquiera la salida de los Castro de la primera línea sirve para contener las ansias de Libertad de una sociedad sometida durante 62 años. Pero el Régimen no escucha a su gente. Lejos de abrir un periodo de diálogo o reflexión, Miguel Díaz Canel ha animado a los suyos a salir a las calle y usar la violencia para «defender la Revolución».

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Un sacerdote detenido en mitad de la calle, corresponsales de medios españoles (Camila Acosta, de ABC) en prisión, decenas de manifestantes arrestados sin ninguna garantía jurídica y, por supuesto, desaparecidos tras las actuaciones de las fuerzas del orden cubanas. Todo vale -y más tras cortar internet- para conseguir un silencio sepulcral sobre lo que está ocurriendo realmente en la isla, donde ya se habla de muertos -Al menos 5, según denuncia Rosá María Payá– en los choques.

Todo arrancó el domingo. Las gentes de San Antonio de los Baños y Palma Soriano salieron a la calle para reclamar libertad, comida y vacunas, provocaron una reacción en cadena en al menos 60 municipios, según informaciones independientes. Los actos terminaros con miles de protestantes en torno al Capitolio de La Habana, que sólo pudo ser disuelta con fuerza bruta y el toque de queda. Algo que nunca se había visto desde el triunfo de los barbudos de Sierra Maestra.

Represión y miedo, pero no detiene a los cubanos

La Habana y el resto del país amanecieron, tras una noche de miedo, con sus calles militarizadas y las filas castristas más prietas que nunca, al son marcado desde muy temprano por el máximo mandatario, el sucesor de los hermanos Fidel y Raúl Castro. «No hemos llamado al pueblo a enfrentar al pueblo, sino a defender su revolución. Y el pueblo fue a debatir, a argumentar, pero los manifestantes respondieron con violencia y el pueblo se defiende», señaló Díaz-Canel tras ser acusado por opositores y disidentes por haber realizado un «discurso guerracivilista«.

Por supuesto, el concepto de debate del tirano fue romper cabezas y detener a cualquiera que se atreviera a mostrar su disconformidad u opinar de manera diferente a la línea oficial. Una cascada de palizas, amedrentamiento, persecución, gas pimienta, incluso disparos contra la gente que protestaba, como recogieron varios documentos audiovisuales publicados en las redes sociales pese a las dificultades.

Podemos niega la mayor

Mientras, en España, mientras el Gobierno ha lanzado tímidos mensajes de concordia e invitación al diálogo, Podemos sigue negando la mayor. Un aviso para navegantes en España del concepto democrático de uno de los socios del Gobierno…

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