Vivir sin miedo (Apagones, virus, …)

Dice San Pablo que Cristo ha muerto para liberar a que aquellos que, por miedo a la muerte, viven en la esclavitud (Hb 2,15).

Vivimos tiempos extraños. Tiempos «enrarecidos» en los que nuestras sociedades están experimentando algo que, desde la II Guerra Mundial, solo experimentaban aquellas sociedades de Países en Guerra: El miedo.

El miedo se ha convertido en los últimos 3 años en una de las características fundamentales de las sociedades modernas, el miedo a la muerte. De repente parece como si los seres humanos hubieran descubierto que ni sus proyectos, ni sus bienes materiales, ni sus fuerzas físicas, fueran suficientes para combatir un pequeño virus o, tan siquiera, para hacerse a la idea de tener que soportar un par de semanas a oscuras.

El Gran Apagón

Al imaginario apocalíptico que las cumbres sobre el cambio climático nos traen cada año este año se ha sumado una nueva posibilidad: el gran apagón. Mucho se ha hablado esta semana del «gran apagón» y basta con nombrar una situación como esta para que, de nuevo la gente se lance a los supermercados y a internet a acabar con las existencias de camping gas, radios analógicas y a buen seguro, dentro de no mucho, con las latas de comida en conserva y el agua embotellada.

Si hay ya constancia desde hace meses del empeoramiento de la «salud mental» de la población, situaciones como estas no harán sino incrementar los niveles de estrés y paranoia, por no decir las conductas y la irascibilidad, de la población. Sabiendo que nada pasa por casualidad en este pequeño planeta convendría plantearse una cuestión, ¿ Quien podría beneficiarse de mantener a nuestras sociedades en una situación constante de miedo? ¿Quién podría beneficiarse de sumir a nuestras poblaciones en unas tinieblas permanentes?

Pero nosotros tenemos una gran esperanza. Una Luz inagotable. Una fuente de energía inabarcable, Jesucristo, en quien sabemos, porque lo hemos comprobado en nuestras vidas, que todo lo podemos. La creación completa, nuevamente, vuelve a «gemir con dolores como de parto» y los cristianos no podemos permanecer impasibles ante semejante sufrimiento que hace incrementar cada día las tasas de suicidio, divorcios, personas que necesitan medicación para sobrellevar su día a día…

Tenemos la mejor receta para la salud mental que jamás haya existido. Tenemos el remedio para todos los miedos, ansiedades y agobios que esta vida pueda provocar… ¿A que estamos esperando para llevarla a los que sufren? Vivir sin miedo no es un mérito, es una gracia, que hemos recibido sin hacer nada, gracias al encuentro con Jesucristo resucitado. Así que ánimo, porque si perseveramos, también reinaremos con Él (2Tm 8,15)

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