El atentado contra el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona en la segunda república de izquierdas de 1936

El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, es hoy un edificio con muchas particularidades que lo hacen muy atractivo y único en el mundo. Estos aspectos tienen que ver con las innovaciones artísticas diseñadas por su arquitecto, Antonio Gaudí, pero también con las increíbles y elaboradas soluciones de ingeniería con las que diseñó este complejo edificio. Aunque no se ha completado aún, presenta un aspecto tanto en su exterior como interior que permiten conocer al visitante su apariencia final sin mucha imaginación.

Sagrada familia, como la dejó Gaudí en 1926. Fuente: Arxiu Mas (2021)

Sin embargo, pesé a que aún no se ha completado es, hoy, el monumento más visitado de España, con cerca de 4 millones de visitas anuales y unos ingresos de cerca de 100 millones en 2019, que se redujeron drasticamente en 2020, como consecuencia de la pandemia. Una parte muy significativa de estos ingresos se dedican a la construcción del templo y a contribuir con el ayuntamiento en el pago del mantenimiento de su entorno y para financiar el transporte hasta el templo.


Es además un templo que tiene una capacidad de atracción muy potente que ha llegado a constituirse en todo un símbolo de la ciudad de Barcelona e incluso de España. Son muchos los reconocimientos que justamente recibe por parte de arquitectos, escultores, ingenieros y artistas de renombre todo el mundo, excepto el de Picasso, por cierto.


Sin embargo, a pesar de todo ello este templo estuvo a punto de desaparecer en 1936, como consecuencia de la política mezquina, negligente y deliberadamente delictiva del gobierno de socialcomunista la segunda república, con la complicidad de la generalidad de Luis Companys y la maldad de un potente grupo de anarquistas adscritos a la organización FAI (Federación de Anarquista Ibérica).
Ocurrió que, durante el gobierno de izquierdas del PSOE de la segunda República y la presidencia de Luis Companys, a la sazón, presidente de la generalidad de Cataluña y líder del grupo político ERC, colaboró o al menos toleró de un modo activo la actividad de grupos sindicalistas anarquistas como la FAI-CNT entre otros muchos. Todo ello con el conocimiento y la aprobación del gobierno del PSOE. Así pues, este grupo se dedicó a instaurar su ideal anarquista destruyendo templos, secuestrando personas para su interrogatorio y ejecución en las conocidas checas de Barcelona y Madrid, y la realización de atracos a mano armada a bancos y entidades de las que pudieran obtener dinero para financiar sus actividades.
Fueron precisamente miembros de este sindicato los que se encargaron de introducir en una checa y torturar hasta la muerte a la monja Apolonia Lizárraga de 70 años aserrándola viva, descuartizándola en cuatro partes, y arrojando sus restos a una piara de cerdos que tenían estos sujetos para deshacerse de los restos. Por ello Apolonia recibió la corona del martirio y la beatificación en 2007.

Apolonia Lizarra. Fuente: La Razón

Pues bien, el 21 de julio de 1936, un grupo de individuos de este sindicato entraron en la iglesia, quemaron la cripta y con ello planos, fotografías y varias maquetas que Gaudí había realizado sobre el templo. Incluso dañaron la tumba del arquitecto, aunque, según algunos testimonios, no llegaron a profanar sus restos.
Como consecuencia de la guerra civil y la ausencia de planos o maquetas, las obras del templo se detuvieron hasta 1952. En primer lugar, fue preciso realizar una reconstrucción de los restos que se habían salvado para volver a rehacer la maqueta del templo. En este sentido, fue de gran ayuda la identificación de imágenes en periódicos y revistas que incluían la maqueta y fotografías del templo. Aún así, existe el dilema entre los arquitectos, de hasta qué punto la actual catedral se parece a lo que había diseñado Antonio Gaudí.

Maquetas de la catedral Fuente: Gaudidesigner.com

De haberse consumado los planes de aquel grupo anarquista que, por cierto, aún existe hoy, y al que la Ley de Memoria Democrática no exige ninguna reparación histórica, hoy no habría Templo Expiatorio de la Sagrada Familia en Barcelona, ni símbolo de la ciudad, ni por supuesto turismo por este motivo. El fanatismo de estos grupos anarquistas afines a la izquierda durante la guerra civil se ha ocultado convenientementeen la actualidad. Ello y la ignorancia de todos estos hechos por parte de la Ley de Memoria Democrática, demuestra, una vez más, lo injusta que es, y lo bien que responde a los intereses particulares de los actuales partidos en el gobierno español y en la autonomía de Cataluña. Todo un despropósito que se ignora deliberadamente para evitar la obvia responsabilidad de los partidos en el poder de la idílica segunda república de 1936.

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