Que no nos roben la Navidad.

Esta es la verdadera salvación que Jesucristo, con su encarnación, nos trae: Dejar de vivir esclavos de nuestro egoísmo. Por ello no es casual que el maligno haya elegido la navidad para convertirla en la fiesta del consumo, y por tanto, del egoísmo, por excelencia.

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