La inmoralidad de la okupación de las viviendas y la complicidad del gobierno

Según la ONU 1000 millones de personas, (de las 7000 que se han contabilizado en el mundo) ocupan una vivienda irregularmente.

Fuente: Wikimedia

Las razones que llevan a una persona a residir ilegalmente en una vivienda son múltiples y a este respecto el sociólogo Hans Pruijt (2013) elaboró una tipología de causas por las que se produce una residencia ilegal en una vivienda:

1.- Personas que viven ilegalmente por necesidad o escasez de recursos. (Población chabolista, favelas, villas etc).
2.- Personas que por circunstancias no pueden esperar a recibir ayudas públicas.
3.- Personas que ven la oportunidad de usar un inmueble vacío para ofrecer un servicio y lucrarse así del comercio.
4.- Personas que ocupan espacios patrimoniales con el fin de conservarlo, ya que las autoridades competentes no lo hacen.
5.- Activistas políticos que ocupan edificios como protesta o para crear centros sociales.
6.- Personas que ocupan ilegalmente una vivienda generalmente gracias al apoyo necesario de mafias o grupos organizados y a la existencia de una legislación permisiva.


En la mayoría de los casos la okupación de viviendas en España, Portugal y algunos países de américa latina, se explica por las razones 5 y 6, esto es: activismo político, (generalmente relacionado con el anarquismo o la izquierda), una legislación urbanística muy permisiva o indulgente con la ocupación, y la existencia de mafias más o menos informales que colaboran activamente en la ocupación ilegal de sus clientes a costa de otros propietarios.


Este fenómeno no tiene la misma aceptación en todos los países, y por ejemplo, es mucho más tolerado en España que en los EE.UU.. Pero es que además, está adquiriendo unas dimensiones en el país ibérico descomunales, ya que actualmente, se ocupan en España unas 40 casas por día y la mitad se produce en Cataluña y especialmente durante la cuarentena por coronavirus.


Aunque es verdad que la propiedad del suelo es un invento liberal del siglo XIX, y que en muchos casos los ciudadanos no tienen trabajo para comprar o alquilar una vivienda, la explosión demográfica del siglo XIX y XX imposibilitó volver al sistema anterior feudal, y el sistema comunista resultó ser un fracaso por la pésima calidad constructiva y residencial de las viviendas.


En cualquier caso, el problema principal de la okupación consiste en el hurto impune y deliberado al propietario del inmueble, que en no pocos casos tiene una necesidad total de la vivienda que le han okupado. Este hurto resulta más perverso cuando no se hace por necesidad, sino por ideología política o por contar con la ayuda de alguna mafia y/o una legislación urbanística permisiva o indulgente. A este respecto, aunque es cierto que la iglesia católica no ha tratado el asunto de la okupación de un modo explícito, (considerando la singularidad de cada caso específico), la okupación es al menos un pecado contra el séptimo mandamiento del judaísmo y el catecismo de la iglesia católica: “No robarás”.

Por ello, aunque es cierto que existen algunos colectivos sociales en grave riesgo, no es justo que el estado permita que la solución al problema de algunos ciudadanos consista en el hurto de la propiedad de otros ciudadanos. Y resulta mucho menos aceptable, que alcaldes o gobiernos legislen, favorezcan o toleren el robo de viviendas debido a que favorecen sus intereses electorales. En definitiva, una sociedad que tolera el hurto, es una sociedad injusta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *