Amor al prójimo hasta la muerte de muchos sacerdotes y religiosos durante la epidemia del coronavirus

La epidemia del coronavirus ha sido responsable de una gran multitud de muertes trágicas en todo el mundo, en muchos casos los enfermos han muerto en la más profunda soledad y también son numerosos los casos en los que los enfermos han pasado de una situación estable a una crítica en cuestión de horas, lo que ha provocado la angustia de enfermos y familiares. Sin embargo, también en esta dramática situación se ha manifestado la misericordia de Dios a través de un abundante número de sacerdotes y religiosos que han participado activamente en atender a los enfermos administrándoles los sacramentos o mediante una palabra de consuelo en la soledad y angustia de muerte más terrible. En ocasiones dichas oraciones y sacramentos habrán provocado la curación de enfermos y en otras el consuelo de la misericordia de Dios en el momento de la muerte.

Amor al prójimo antes que a sí mismos en sacerdotes y religiosos.


Muchos sacerdotes y religiosos que por su Fe en los sacramentos y en la iglesia han antepuesto su amor al prójimo a su propia vida poniéndose en un gran peligro, que en no pocos casos ha resultado en su propia muerte. Un ejemplo bastante llamativo de esto es el admirable comportamiento del sacerdote italiano Giuseppe de la región de Bérgamo que teniendo conocimiento de que no había respiradores para todo el mundo decidió ceder su propio respirador para otra persona cuya identidad desconocía por completo. Bajo mi punto de vista una actitud bastante similar a la que tuvo Maximiliano de Kolbe en el campo de concentración de Auschwitz en 1941, si bien es cierto, que según mi conocimiento la muerte por neumonía no es necesariamente rápida ni desde luego tranquila.


Comportamiento de santidad similar al de grandes santos de la historia.


Bajo mi modesta opinión muchas de estas actitudes se acercan a la santidad que manifestaron grandes santos en siglos pasados. Por ejemplo, el jesuita San Luis Gonzaga que se dedicó a ayudar a los enfermos de la peste que se extendió por Roma a finales del siglo XVI y finalmente se contagió y murió a causa de la misma. Otros muchos santos como San Carlos Borromeo , santa Catalina de Siena o San Roque que se destacaron por asistir a los enfermos en periodos de peste similar a la del coronavirus, aunque no murieron de ello gracias a una protección milagrosa.


Actitud de santidad que contrasta con la imagen negativa de los sacerdotes dada en los medios de comunicación.


Esta actitud de sacerdotes y religiosos que han arriesgado sus vidas sin recibir ninguna compensación de ningún tipo a cambio, (más allá de la espiritual), contrasta con la de otros muchos profesionales como médicos y agentes de seguridad que también se han expuesto pero que si no hubieran recibido su salario correspondiente es posible que muchos no hubieran realizado esa tarea ni se hubieran expuesto ante el virus del mismo modo.
Igualmente la imagen de santidad de estos sacerdotes y religiosos contrasta con la imagen negativa que se ofrece de los sacerdotes en los medios de comunicación y las redes sociales, que en muchos casos aprovecha la existencia de un delito comprobado y terrible como la pederastia en una parte minúscula de la iglesia, y lo extiende a la totalidad de sus miembros. En dicha imagen negativa se obvia deliberadamente la cantidad de abusos similares que se producen en otras instituciones públicas como la ONU, o el último caso en los centros de menores tutelados por la administración autonómica balear, en manos del PSOE, que recientemente han recibido la acusación de actuar pasivamente no impidiendo efectivamente la prostitución de menores de dichos centros.


Posibilidad de abrir una causa de beatificación y canonización de sacerdotes y religiosos que han muerto por coronavirus habiendo asistiendo a los enfermos.


Por todas las razones aludidas, desde CD consideramos que sería interesante analizar la posibilidad de abrir una causa de beatificación y canonización a todos los sacerdotes y religiosos que han arriesgado su vida para asistir a los enfermos del COVID19 y hayan perecido por causa de ello. El procedimiento se inicia bajo la instrucción del obispo en cuya diócesis haya residido la persona fallecida, y con carácter general, (según el documento Sanctorum Mater del 17 de Mayo de 2007), deben trascurrir 5 años desde la muerte de dicha persona para iniciar el proceso. En cualquier caso en todos aquellos casos que se considere que puede haber un indicio de santidad testigos familiares, amigos y conocidos pueden recabar testimonios y escritos de la persona propuesta para este proceso.

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