El crimen de Logroño resalta la urgencia de volver a políticas que ensalcen y defiendan la vida.

Una sociedad que desprecia la vida acaba pagando las consecuencias. Una sociedad que permite convertir los deseos en Ley y que es incapaz de establecer claramente la diferencia entre el bien y el mal, acaba pagando las consecuencias. Una sociedad que es incapaz de combatir el relativismo moral y lo tolera todo, acaba pagando las consecuencias.

Los menores y los más indefensos, principales victimas.

Desgraciadamente parece que es a lo que estamos abocados en la sociedad Española. El lamentable fenómeno de utilizar a los hijos como arma arrojadiza en los procesos de divorcio viene fomentado por una legislación que, a la postre, genera toda un «poso social» de violencia (no olvidemos que el efecto pedagógico de las normas a la hora de establecer en la población los principios del bien y el mal).

El Divorcio Express, el aborto, la eutanasia… son legislaciones que, en su origen, pretenden legalizar y justificar la cultura del deseo, esto es, tengo derecho a hacer lo que deseo, lo que me da la gana, implique daño o no a terceras personas. Unas dicen mi cuerpo, mi decisión; Otros dicen mi pareja, mi decisión; Otras dicen mis hijos, mi decisión… Lo vemos a diario en los crecientes casos de violencia machista, pero también lo vemos con estupor, cada vez más, en los casos en los que son las madres las que acaban con la vida de sus hijos por el mismo motivo.

¿Esta es la igualdad que muchos pregonan? En vez de igualar en dignidad y derechos, esta sociedad está igualando a la mujer en todo al hombre, incluyendo con ello la igualación en los peores comportamientos que puedan cometer los seres humanos. ¿Cuando dejaremos de alimentar el odio y el individualismo y volveremos a pensar en la dignidad de la vida y el bien Común?

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