¿La hora de la sociedad civil?

Sabemos que una democracia necesita una sociedad civil fuerte. Y que sin una sociedad civil fuerte las instituciones políticas serán frágiles. En España siempre hemos dado por hecho que teníamos una sociedad civil débil y, en consecuencia, aceptado de forma fatalista que nuestra democracia tenía que ser forzosamente de baja calidad.

¿Qué mejor prueba de todo ello, podría argüirse, que la actual crisis? Según las encuestas, a los ojos de la ciudadanía, la mayoría de las instituciones políticas de este país (los partidos políticos, el Parlamento, la judicatura o la Monarquía), se encuentran totalmente desprestigiadas.

Pero no es la desafección lo que sorprende a los observadores internacionales cuando vienen a este país (¿cómo no iba a haberla?) sino la desmovilización de la sociedad. ¿Cómo es posible, se preguntan, que una sociedad con tres millones de parados y una crisis política y social tan profunda, no esté intensamente movilizada? ¿Por qué la gente no está en las calles?

Es hora de recordar a los políticos que la política es un medio, y no un fin en si misma.

Es una pregunta sumamente interesante cuya respuesta nos concierne a todos y para la cual reproducimos a continuación una magnífica reflexión de Raúl Mayoral en el Imparcial.

Según Felipe González, tenemos un Parlamento a la italiana pero carecemos de políticos italianos, siempre prestos y dispuestos al pacto. De un político italiano se dirá siempre que es doblemente político. Una especie de redundancia. En opinión de José María Aznar, algunos han roto el pacto del 78, aquél que surgió de la Transición y que logró la reconciliación entre los españoles en convivencia democrática. En consecuencia, lo que se ha percibido en el primer Congreso de la Sociedad Civil celebrado en Madrid es que resultando imposibles entre la clase política los grandes consensos que permiten la estabilidad de una nación, es la hora de la ciudadanía, pero no de una masa amorfa sin dirección, sino de grupos sociales vigorosos, maduros y bien articulados. Es la hora de idear de nuevo el porvenir juntos, de volver a encontrar un proyecto colectivo de ambición nacional sugestivo y fecundo que ilusione. Y para ello se necesita un sustrato de personas que piensen, que solo piensen.

Sin duda, nuestro régimen político no sólo es perfectible, sino que está muy necesitado de modificación y de más apertura al ciudadano. Pero en esa transformación debemos conservar valores firmes como la seguridad y la libertad. En suma, tender a un régimen más abierto y participativo sin desperdiciar el caudal de experiencia ni abandonar logros ni realizaciones estimables. Cada día es más necesario que el español se sienta personaje activo del quehacer cotidiano nacional; cada día es más conveniente sacar a la mayoría de la opinión pública de su estado actual de atonía; cada día es más razonable preparar hombres públicos en número suficiente para las necesidades del mañana.

Hoy ante la tentación totalitaria que domina en ciertos ámbitos internacionales o ante el deseo de revancha destructiva que anida en algunas posiciones ideológicas, resulta urgente redoblar el esfuerzo de todos por garantizar los niveles de libertad y responsabilidad que nuestro tiempo histórico nos exige. Es la misma ciudadanía la que debe recordar a los dirigentes políticos que la política ha de ser un medio para conseguir un fin y no es un fin en sí misma. Que es inmoral malgastar en vaivenes y disputas partidistas las energías que deben emplearse en estabilizar España por la vía de la concordia superando antagonismos y heridas históricas. Y, por supuesto, que la Constitución es nuestro marco de referencia fuera del cual nadie está legitimado. El buen gobernante es el que da importancia al ciudadano, pide su opinión y sirve al interés general. Vigorizar la democracia pasa por hacer más efectiva, exigente y responsable la participación ciudadana. La democracia se salva con compromisos éticos y cívicos de los dirigentes y de la sociedad civil.

Es hora de recoger el testigo del consenso y del espíritu de la reconciliación que con sacrificio y generosidad contribuyeron a construir una España libre, estable y próspera. Como afirmó Abraham Lincoln el verdadero ciudadano demócrata es aquel que no queriendo ser esclavo tampoco desea ser amo.

Un comentario en «¿La hora de la sociedad civil?»

  1. Tenéis toda la razón del Mundo!!!
    Todos los Españoles tenemos el deber
    Y obligacion de ratíficar todo lo malo para nuestro futuro y el futuro está bastante mal en estos momentos .
    Hay que movilizares de alguna manera y decir , basta ya!!
    No se puede aguantar la mala política que tenemos y los malos políticos que nos gobiernan ,estamos en manos de persomás que no tienen ninguna responsabilidad hacia un país entero y a las personas que vivimos en el .
    España se tiene que movilizar y cambiar lo que estamos viviendo ,no es digno de nigun Español aguantar esto

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