Si nuestra sociedad pensara más en el hogar y menos en el dinero, nos iría mucho mejor.



Lapidaria frase con la que el personaje de «El Hobbit», Thorin escudo de Roble, expira su último aliento tras vencer en la batalla final, entregando su vida para acabar con el mal (bueno, para ser exactos habla de pensar menos en el «oro», que a fin de cuentas, representa al poder que otorga dinero en el film.

Y sabe bien de lo que habla, pues precisamente viene tras unos momentos en los que, cegado por la codicia, se aparta de la misión que lo puso en camino para re-establecer el bien.

No deja de ser curiosa la analogía con estos 40 años de Democracia, en los que todos se han empeñado ( y últimamente, más que nunca, la Izquierda en España) en re-establecer un supuesto «bien» para el que, al final, cegados por la codicia y la comodidad, nuestra sociedad del bienestar, de los derechos y del progreso parece abocada a la auto-destrucción, como podemos leer en esta entrevista a Alejando Macarrón en ABC, donde como director general de la Fundación Renacimiento Demográfico, habla del futuro que viene, sin niños para España, sin futuro para su sociedad. Y es que no se puede servir a Dios y al Dinero, porque se amará a uno y se odiará al otro, y eso es ni más ni menos lo que le ocurre a nuestra sociedad, que ha vendido su futuro a cambio de unos cuantos años de comodidad.



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