Los niños no vienen de Paris (por si el Gobierno no lo sabe…)

Los hijos, hasta hace unos años, solían ser fruto del amor y la entrega de los esposos, no un «derecho» ni una propiedad estatal. Son la consecuencia biológica de la unión de un hombre y una mujer, y no deberían ser el fruto de experimentos en laboratorios. Y cuando los dejan nacer, son muchos más de los que ellos mismos cuentas, pues en 2018 impidieron nacer a caso 100.000 solo en España.

¿Imposiciones «ecológicas»?

Pretenden imponernos un cambio social bajo el miedo a la «extinción», como dijo Greta, a la que por cierto, conviene recordad, que vive gracias a que no hay aún diagnósticos prenatales de su enfermedad pues, de haberlos habido, seguramente la habrían abortado y no habría dejado huella en este mundo, ni de carbono ni de ningún tipo.

¿Invierno demográfico o cambio Demográfico?

Llámennos «conspiranoicos», pero resulta evidente, uniendo la circunstancias de la falta de natalidad en Europa y el drama del problema migratorio de África hacia Europa, que no ha sido casualidad que Europa se vacíe de población, a la vez que Africa y algunos países de Asia buscan, desesperadamente, una salida no ya a un problema de superpoblación, sino a las condiciones insostenibles de vida, trabajo, conflictos armados, etc que asolan continuamente el continente en los últimos 50 años.