¿Animalismo o canibalismo? El Origen de la infamia de Mugaritz

La noticia que ha sacudido a las redes sociales esta semana es el supuesto nuevo «plato» de Mugaritz. El cocinero vasco se ha defendido en medios de comunicación como El Diario Vasco aclarando que el plato nunca ha formado parte de su carta y que se emplea desde 2015 en «pequeños encuentros que permitían generar un contexto de diálogo y reflexión, tales como seminarios universitarios, eventos privados u otros foros».

No sabemos si se trata de encuentros sobre canibalismo, pues otro tipo de encuentros, por más que quieran retorcer las excusas, se hacen difícilmente incomprensibles, al menos para nuestras poco iluminadas mentes.

Lamentablemente España atraviesa un momento donde cualquier vulgaridad puede ser calificada como «cultura» (mejor obviamos los miles de «seminarios de auto-coñocimiento» que impartirá el movimiento feminista radical con los 20.000 millones de euros con los que los partidos en el Gobierno de España compra sus votos en las futuras elecciones municipales, autonómicas y Generales).

Y lo peor no es es que lo zafio, lo vulgar, lo aberrante se denomine cultura, sino que sea «servido» y «ensalzado» por los medios de comunicación, cómplices fundamentales del proceso de reingeniería social que nos asola. Pero desde estas líneas no tenemos complejos en llamar a las cosas por su nombre, y ese plato, sea para una carta o sea para discusiones filosóficas, no es mas que basura culinaria, propia de mentes realmente enfermas como para servir en un plato un alimento que emula a un embrión humano, y mejor ni opinamos de las que se atreven a introducírselo en la boca.

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