¿Un rey pasmado?

¿Es eso lo que queremos para España? ¿Un Rey que no se entera o no quiere enterarse de lo que pasa y está pasando a su alrededor?

La «espantá» religiosa de la Casa Real está siendo un hecho realmente deplorable, valga la redundancia. Con esta actitud, D. Felipe VI resta relevancia al hecho religioso en la vida de una sociedad, la Española, dónde los índices de violencia se disparan y dónde cada vez más personas necesitan de apoyo de salud mental para llevar cada día adelante.

Como denuncia muy acertadamente FORUM LIBERTAS, aconfesionalidad, no es el equivalente a una especie de asexualidad religiosa, sino neutralidad institucional. Que el Rey Felipe VI se vea forzado a esconder sus creencias no es más que otro síntoma de como la laicidad radical impuesta por el Gobierno Social Comunista de España sigue avanzando en nuestra sociedad.

Reyes de España asistiendo a Misa Católica.
Reyes de España asistiendo a Misa Católica.

Tal y como informa Forum Lubertas, ni el rey ni ningún otro miembro de la Familia Real, acudió a la misa de Pascua, en Palma de Mallorca. Acudieron a misa, pero en la capilla del Palacio y no en una Iglesia pública, como hasta ahora. Por el mismo motivo la confirmación de la Princesa de Asturias se realizó como un acto privado, sin fotografías del momento en el que recibió el sacramento, y no se ofreció ningún tipo de información. Digamos que fue una confirmación más que privada, “secreta”, porqué incluso las imágenes fueron censuradas.

Otra victoria de la patraña intelectual que nos han vendido a muchos con eso de que «nuestras creencias deben permanecer en nuestras esferas privadas»

La razón que se aduce es la aconfesionalidad del estado, que da lugar a que la fe en Dios, sea la que sea, desaparece del ámbito público. Una vez más se confunde, deliberadamente o no, la aconfesionalidad del estado y sus instituciones, con el ateísmo fáctico. En el primer caso se trata de que el Estado no detenta  una determinada confesión, pero acoge  en términos positivos a la mayoría de ellas y de forma especial, nominal, a la fe católica, tal y como establece la Constitución. En el segundo caso lo que se hace es suprimir toda referencia religiosa, que quedan reducidas a la nada, como en el funeral de Estado organizado por el gobierno Sánchez. Pero la nada no es neutralidad sino todo lo contrario.

El rey puede y debe como persona cumplir con sus deberes religiosos y no esconderse de ellos. Basta y sobra con que aquel acudir, aquel recibir el sacramento no sea calificado de acto oficial, sino privado, pero público. Sin censuras de imágenes, ni reclusiones en “capillas privadas. Y esto también implica todo lo contrario de lo que hace: expresar el reconocimiento constitucional acudiendo a determinas celebraciones de otras confesiones. Aconfesionalidad, no es el equivalente a una especie de asexualidad religiosa, sino neutralidad institucional. La institución no tiene confesión pero las reconoce; la persona, si tiene confesión, la manifiesta.

Desde nuestras humildes líneas no podemos sino pedirle a su Majestad D. Felipe VI que no deje que nuestra sociedad quede abandonada a su suerte, también en el plano espiritual. Pues al fin y al cabo, si el deber de un Rey es ser ejemplar, debe serlo también en todas las dimensiones de la persona, en cuerpo, mente y espíritu, y debe serlo públicamente.

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