Fuí Extranjero, y me acogisteis.

En el día internacional del inmigrante (no compartimos esa evolución del término «migrante» impuesta por la ONU), queremos reflexionar sobre lo que supone esta condición a través de este artículo que nos ha ayudado a reflexionar.

La palabra extranjero viene de extraño, de exterior, “de fuera” (extra en latín), de lo que consideramos ajeno y no reconocemos como propio. En la Biblia la historia de la salvación aparece como un lento caminar de lo restringido a lo universal. El “pueblo de Dios” es un concepto que tardó mucho en evolucionar, de pasar de un sentido restringido a otro universal en Cristo, como le sucedió a la idea de salvación o la de amor. Es el tiempo que se tarda de pasar de un idolatrado “mi Dios” al “Padre nuestro”.

El Hijo del hombre no tiene donde reposar la cabeza. Así fue desde que nació.

Nuestro afán de apropiarnos las cosas es lo que crea al extranjero. Hablamos de “extra” porque hay un “intra”, hablamos de lo exterior porque hemos puesto una cerca a nuestro alrededor. Las aves emigran continuamente de unos lugares a otros sin que tengan que cruzar fronteras, pues ninguna otra ave se las pone. Para ellas el mundo es de todos. Los humanos impedimos esos movimientos porque tenemos demasiados intereses, habiéndonos apropiado de lo que es de todos y empequeñeciendo nuestro corazón con la codicia. ¿Cómo romper esa cerca creada a nuestro alrededor?

Una de las características que definen el momento actual de la historia humana es la movilidad. El desarrollo científico-técnico ha hecho posible que podamos movernos con facilidad de un lugar a otro. Pero al mismo tiempo el sistema económico imperante, en el que prima el capital sobre las personas, obliga a muchos seres humanos a ponerse en camino, en angustiosa peregrinación, buscando medios para su subsistencia. Este sistema económico, unido a las condiciones demográficas y a las bajas tasas de natalidad de los países desarrollados, entre ellos España, hacen que los flujos migratorios sean una realidad en constante crecimiento hacia estos países.

La experiencia de ser extranjero conlleva la renuncia a la seguridad, a dejar lo que se tiene, incluso los derechos civiles que da el ser ciudadano del país en el que se habita, la protección de estar rodeado por seres queridos, la seguridad de conocer la lengua del propio país, pudiendo entender y ser entendido. En definitiva, sentirse “de los nuestros”.

Para renunciar a todo eso hay que tener un motivo poderoso. Hay quien lo hace por afán de aventura, por deseo de conocer otras culturas o por aspirar a progresar profesionalmente. Hay quien lo hace por afán de ayudar a otros, olvidándose de sí mismo. Hay quien lo hace por motivos religiosos, para experimentar la confianza radical en Aquél que nos sostiene, sin descansar en las propias seguridades. Pero también hay quien lo hace por pura necesidad, huyendo de la guerra, del hambre o simplemente de unas condiciones de vida penosas derivadas de Siglos de explotación imperialista de los Europeos.

Los cristianos no podemos olvidar que somos seguidores de un Dios que, para ofrecer la salvación a la Humanidad, no dudó en salir de sí mismo y peregrinar al encuentro del hombre, experimentando en su carne la humillación del exilio y la necesidad de vivir como refugiado. Por eso Jesús sabe muy bien el significado de lo que dice, cuando proclama: «era extranjero y no me acogisteis» (Mt. 25, 43).

¿Somos nosotros extranjeros en nuestra propia tierra o ciudadanos del cielo? Nuestra acogida a los que llaman a nuestra puerta nos lo dirá, haciéndoles sentir ciudadanos aún en tierra extraña. Quien esto hace ha sido capaz de romper la cerca de su existencia, pudiendo volar más allá de los límites que nos ponemos para no acoger al “de fuera”.

3 comentarios en «Fuí Extranjero, y me acogisteis.»

  1. 19 DE DICIEMBRE, FERIA DE ADVIENTO. Adviento es confiar en el Dios de las promesas. Lc 1, 5-25 .- En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que Zacarías oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, ‘para convertir los corazones de los padres hacia los hijos’, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto». Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada». Respondiendo el ángel, le dijo: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno». El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente».
    https://edithnevenkaduboromero.blogspot.com/2019/12/dia-19-de-diciembre-san-anastasio-i.html

  2. MIRA HERMANO, YO PUEDO HOSPEDAR A UNO O A DOS, PERO QUE VENGA UNA ¡¡NACIÓN ENTERA!!, ¡¡POR FAVOR!!; SI LOS HOSPEDAS ESTAS HACIENDOLE UN FLACO FAVOR AL GORILA DE NICOLÁS MADURO. Y LA MAFIA DE LADRONES QUE LO APOYAN!! Y OJALÁ SOLO SEAN GENTE NECESITADA, SON RUFIANES Y ASESINOS QUE, EL MISMO GORILA NICOLÁS, ESTA ENVIANDO PARA SEMBRAR EL PÁNICO Y DESTRUCCIÓN EN LATINOAMÉRICA!! ¡¡BASTA CON ESA «BUENA CARIDAD»!! EL MISMO SEÑOR NOS ADVIERTE: «SEAN ASTUTOS COMO SERPIENTES Y MANSOS COMO PALOMAS»

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