¿Hace cuanto que no votas (o que no lo haces con la conciencia tranquila)?

Es una reflexión que, a la luz de los resultados de las elecciones de los últimos 20 años, parece muy lógica para cualquier Cristiano, pero que sin duda no debemos hacer con mucha frecuencia. No obstante, a mi tuvo que corregirme hace no mucho tiempo un Catequista cuando vio que me dedicaba a hacer propaganda de un gran partido político en las últimas elecciones; bastó un simple “¿Cómo puedes propagar a un partido que favorece el sacrifico de 80.000 bebés al año en España?” para hacer la debida parada, y tras vencer el perverso razonamiento del “mal menor” ante el avance de fuerzas a priori mucho mas radicalmente opuestas a los principios cristianos de vida, reflexionar.

Esta reflexión lleva a 3 opciones: votar a partidos minoritarios, a los que los medios de comunicación nos han “enseñado” que no sirve de nada votar, pues nunca llegarán a ningún sitio o dejar de votar, pues también nos han “enseñado” que el voto en blanco favorece a los grandes partidos. La tercera opción, que es la que parece mas común, es la de optar por el mal menor y votar al partido que menos se aleja de nuestros planteamientos vitales.

Parece que muchos Cristianos (la gran mayoría, a la luz de los resultados de los últimos comicios en España), hemos olvidado que Jesucristo ya ha vencido a la muerte y que, si Dios está con nosotros, ¿Quién contra nosotros? Nos invade un miedo absurdo a que fuerzas de ultra-izquierda avancen con sus nocivos planes sociales y económicos para España, miedo que al final favorece el avance de pensamientos y doctrinas igualmente devastadoras para la sociedad: las de los tibios, basadas, sobre todo, en la economía, la riqueza y la “calidad de vida” como nuevos paradigmas de las sociedades modernas.

Sin embargo, nuestra misión es, si me lo permiten, mucho más simple y, por tanto, fácil de cumplir: anunciar que Dios nos ama, en este caso, en la vida política de España. Es para esto para lo que nace Cristianos en Democracia. La verdad es que no sabemos aún muy bien el porqué, pero si para qué, para anunciar ese amor de Dios al mundo en la política, sin entrar en cuestiones teológicas, para las que no estamos en absoluto mínimamente cualificados.

La prueba del Amor de Dios al mundo, a través de la política o “de lo social”, la encontramos en la Doctrina Social de la Iglesia, una Doctrina que no nace simplemente de la reflexión teológica de los que la han venido desarrollando en los últimos 2.000 años, sino de la experimentación y la evidencia objetiva de cómo el principio del amor al prójimo, e incluso al enemigo, han traído a nuestras sociedades enormes avances sociales en todos los campos.

Piensen en un minuto en las necesidades elementales de cualquier sociedad: Educación, Sanidad, Cultura, Justicia… Universidades, Hospitales, Arte… a quien encontramos en el origen de todos estos avances sociales es siempre a la Iglesia Católica, bien como organización jerárquica o bien a través de personas concretas, Santos, que gracias a su incansable esfuerzo por paliar los efectos de las injusticias de una sociedad que margina a los más débiles (pues esto no es nuevo, y las sociedades siempre han tenido, en mayor o menor medida, el foco puesto en el crecimiento y la riqueza, antes que en la igualdad o la unidad) han emprendido tareas tan a priori inalcanzables como la fundación de hospitales (Orden de San Juan de Dios, Caballeros Hospitalarios), escuelas (Jesuitas, Calasancios, y un larguísimo etc), liberación de presos (Mercedarios).

Es evidente que hemos caído en la tentación del voto útil. Hemos sido vencidos (temporalmente) por las modernas corrientes de pensamiento utilitaristas y hemos caído en el desánimo de pensar que no merecía la pena dar nuestro voto a partidos demasiado “idealistas”, tildados normalmente como de “radicales” por los medios de comunicación, cuando en realidad no hemos hecho más que trasladar al voto nuestra falta de radicalidad en la vivencia de la Doctrina Social de la Iglesia, nuestra desesperanza y nuestro utilitarismo, fomentado por una exposición continua y permanente a los mensajes contrarios a los valores sociales del evangelio que los medios de comunicación transmiten a todas horas en programas, series, películas, música, etc.

Por esto (y por muchas cosas más que iremos analizando semana a semana para no aburrir a nuestros queridos lectores) quizás sea el momento de dar una oportunidad a nuestra esperanza, dar una oportunidad a los sueños, dar una oportunidad a trabajar por algo que, a priori, parece imposible. San Juan de Dios poco podía imaginar, allá por 1539, el eco que a través de los siglos tendrían sus desvelos por los enfermos y desahuciados que encontraba en la calle y, sin embargo, casi cinco siglos después, su obra ha dado consuelo, físico y espiritual, a millones de almas a lo largo de estos quinientos años, sirviendo de ejemplo y empuje al sistema sanitario público en España. Es hora de empezar a creer, de nuevo, que otro mundo es posible, que otra sociedad es posible, y para ello no hay que luchar contra nadie ni contra nada, sino, como dice nuestro amado Francisco, involúcrense también ustedes en política y luchen por la justicia y la dignidad y sobre todo por los más pobres.

 

Daniel Fernández

El Equipo de Cristianos en Democracia. 

2 thoughts on “¿Hace cuanto que no votas (o que no lo haces con la conciencia tranquila)?”

  1. Tienes razón. Hay medios que quieren que no votemos a algunos partidos porque son “minoritatios”. Cuando en realidad es al revés: son minoritarios porque no les votamos.
    Cuando nos convenzamos de la utilidad de votar en conciencia, descubriremos cual es el verdadero “voto útil”.

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