Trabajar por la unidad de los Cristianos, también en el voto

En nuestras primeras semanas de vida y acción, hemos recibido varios mensajes de felicitaciones y ánimo desde muchas y diversas personas que forman parte de la Iglesia y de otros partidos políticos, y todos coincidían siempre, antes o después, en la siguiente cuestión: cuidado con el protagonismo personal. Es muy de agradecer que alguien que no te conoce personalmente y que te felicita por una iniciativa, se preocupe, en primer lugar, de avisarte de los riesgos a los que uno se exponga. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, por unidad se entiende la  propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya  o altere. Este no pretende ser un artículo de Teología, sino de Política y por tanto, queremos abordar en el mismo que cuando hablamos de unidad nos referimos a la hora de otorgar nuestra confianza a un representante de nuestra sociedad civil durante los procesos electorales y, por tanto, se trata de buscar la esencia que debería unir a todos los partidos y movimientos sociales que nos autoproclamamos como “Cristianos” en materia de acción política.

Si algo nos debiera unir a todos los Cristianos comprometidos con la vida pública, es que hemos comprendido que el mejor camino para trabajar por la dignidad del hombre y el bien común, es el plan de Dios, y no precisamente nuestros planes, que podrían ser tan buenos (o tan malos) como el del resto de partidos políticos de la escena nacional. Por eso, a la hora de trabajar por la unidad, no podemos caer en el error de “enfoque” de hacerlo desde el punto de vista meramente de análisis de coincidencias programáticas, sino más bien haciendo un ejercicio de despojarnos de todas nuestras buenas propuestas e intenciones personales para así llegar a la esencia que nos une, pues citando a Monseñor Demetrio Fernández, la unidad de los Cristianos no será fruto del consenso, sino del acercamiento a Jesucristo. Esta misma idea o reflexión las encontramos en las palabras del Santo Padre Francisco en la semana de oración por la unidad de los Cristianos de este mismo año en este video

Desde Cristianos en Democracia queremos tomarnos muy en serio trabajar por la unidad de todos los partidos políticos y movimientos sociales cristianos que se fundamenten en la Doctrina Social de la Iglesia, pues en la Doctrina Social de la Iglesia se encuentra revelado (con sus limitaciones de aplicación práctica en algunos puntos), el plan de Dios para la vida en sociedad de las personas. No debemos caer en la tentación de dividirnos por puntos de vista que nos puedan alejar sobre una u otra forma de aplicar la Doctrina Social de la Iglesia; antes bien, tomarnos muy en serio la primera lectura de la misa de hoy, que nos advierte de los peligros de dispersar al rebaño, en lugar de trabajar por su unidad.

Tomemos ejemplo del Santo Padre Benedicto XVI, que en su viaje apostólico con ocasión del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes, en Septiembre de 2008, se plantó frente a los padres de la “Libertad, Igualdad y Fraternidad” en el Palacio del Eliseo para recordarles, en su bendición final  “….que Dios le conceda paz y prosperidad, libertad y unidad, igualdad y fraternidad”. No, no fué una casualidad o una palabra incluida de cualquier manera en su mensaje, fue toda una manera de afirmar aquello que hemos recibido del propio Jesucristo, cuando pidió a su Padre “que todos sean uno”, dando a entender claramente que el lema de la República de Francia, sin la unidad, que marcó toda una época revolucionaria en Europa, no es más que una declaración vacía de buenas intenciones.

Terminamos este artículo con una breve reflexión; ¿puede uno ser Cristiano en su Parroquia, en su comunidad, pero no luego no serlo en su familia o en su trabajo? No, pues tampoco puede uno dejar de ser Cristiano en la política, ni a la hora de votar, ni a la hora de buscar la comunión con otras agrupaciones y partidos que se basen sobre la propia Doctrina Social de la Iglesia. Como afortunadamente no tenemos un gran don para la comunicación, pero si para la lectura de buenos comunicadores, hemos encontrado un último ejemplo, muy descriptivo, de aquello por que sin duda debemos tomarnos muy en serio, en un Artículo de D. Néstor Mora Núñez, en el portal Religión en Libertad:

La unidad tiene una dimensión profunda a la que no solemos prestar atención. Hablo de “profunda”, porque la tendencia actual es centrarnos en la dimensión horizontal de la unidad. Horizontalidad que es emotivista, humanista y da prioridad a la complicidad. Utilizando un símil, nos contentamos con lograr que llamemos “árbol” a un conjunto de seres vegetales diversos y así no tener necesidad de conversión. Detestamos dejar ser quienes planifiquemos todo. Se trata de orar para que Cristo nos ayude a dejar atrás nuestros modelos humanos y renacer con la misma raíz (Doctrina Social de la Iglesia). Es cierto que el árbol tiene ramas diferentes, ahí está el don de la diversidad. La diversidad de ramas nunca puede ser confundida con la pluralidad.  

 

Oremos pues para que, en la acción pública cristiana, movimientos y partidos seamos capaces de tomar ejemplo de San Juan Bautista cuando dijo “conviene que el crezca y yo disminuya”, y antepongamos el plan de Dios para el bien común, a nuestros propios planes.

 

El Equipo de Cristianos en Democracia.

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