LA IGLESIA NUNCA CIERRA… solo cierran algunos templos.

Llevamos días leyendo con tristeza comunicados y mensajes en webs, chats, grupos donde se indica, con error, que las Iglesias permanecerán cerradas… Como ya indicamos en un post en Facebook, y al igual que con este tema, es importante usar bien el Castellano, sobre todo para no crear confusión ni errores que, aunque parezcan gramaticales, atacan a la linea de flotación de nuestra Fé.

Ni la Semana Santa se ha suspendido ni la iglesia se cierra.

No se ha suspendido la Semana Santa, antes bien se han suspendido algunos cultos, ritos y procesiones en las diferentes diócesis de España, pero una cosa es que se suspendan las procesiones y otra muy diferente, que se suspenda la Semana Santa.

La Iglesia NO CIERRA NUNCA. Cierran algunos lugares de culto.

De la misma manera, es igualmente una incorrección caer en el error de pensar o decir que la Iglesia cierra temporalmente por la crisis del Coronavirus porque, afortunadamente, nosotros somos y formamos la Iglesia de Dios. Es cierto, hay una «iglesia jerárquica» y, por supuesto, los lugares de culto (templos, Iglesias, Parroquias…), pero nosotros (esperamos) no cerramos, ni temporal ni definitivamente por la Fé.

Antes bien, al contrario y sin ánimo de parecer insurrectos con las ordenes establecidas por las autoridades civiles, si los panaderos, los supermercados y hasta los bancos son capaces de organizarse y establecer medidas organizativas extraordinarias para poder seguir dando «servicio», ¿Cómo vamos nosotros a abandonar esa misión? ¿Cómo no dar ejemplo para poder seguir llevando el alimento al mundo? No caigamos en la tentación y recordemos siempre la respuesta de nuestro Señor Jesucristo, pues «no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Puede faltarnos todo en esta crisis, pero no puede faltarnos Dios ni su Palabra que, a buen seguro no solo nos confortará sino que nos ayudará a llevar adelante estas semanas pensando más en el prójimo que en nosotros mismos y con la Esperanza, siempre, de saber que Dios, en todas las cosas, interviene para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designios.

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