No, en España no hay una Democracia real.

Es sorprendente que estas valientes palabras de Monseñor Argüello que publicaba la semana pasada INFOCATOLICA, apenas hayan tenido eco mediático y mucho menos entre los católicos. Sorprendete porque al fin y al cabo, lo que hace Monseños Argüello con sus afirmaciones no es ni más ni menos que cuestionar el actual sistema supuesta mente democrático en el que la mayoría de las personas de occidente creen vivir.

Monseñor Luis Argüello, obispo auxiliar de Valladolid y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, ha expresado en Twitter su parecer sobre cómo debería ser la democracia y también ha advertido de la necesidad de atenerse a la verdad de los hechos y a que los ciudadanos no sean tratados como animales al servicio de las necesidades de la granja, mediante tweets como los que a continuación reproducimos:

La democracia presupone el cultivo de lo que no se pone a votación: la vida, la dignidad de la persona, la libertad de conciencia, la honda aspiración a la verdad, el bien y la belleza, la igualdad de derechos, la historia compartida como nación… Votamos porque no todo se vota.

Días atrás el prelado ofreció su reflexión sobre la situación actual, en la que la verdad ha dejado de ser una referencia a tener en cuenta:

No importan los hechos, solo la interpretación, dice el axioma fundante de la postverdad. El primado de la interpretación ofrece como premio la más atractiva de las ilusiones: tener siempre razón, a pasar de ser desmentido por la realidad o por la hemeroteca.

Y advierte del peligro de acercarnos a lo que se indica en la Granja de Orwell:

Qué importante es en esta hora una propuesta que no nos trate como animales al servicio de las necesidades de la granja, ni quiera seducirnos como la antigua serpiente, sino que favorezca la humilde conciencia de ser hombres y la virtud de ensanchar nuestra humanidad.

Nos quedamos con esta última publicación, que parece pedir a gritos una voz católica en la vida política Española, una opción que al fin se atreva a poner la verdad por encima de todo y no busque simplemente tener razón.

Sabias y profundas reflexiones que nos llevan a aquello de que «a buen entendedor, pocas palabras bastan». Para denunciar la partitocracía española (no la democracia), donde la ineptocracía se premia poniendo al frente de Gobiernos locales, regionales y nacionales a personas sin experiencia laboral alguna y a veces hasta sin ni tan siquiera una formación mínimamente relacionada con su cargo. Para denunciar la falta de libertad, empezando por la falta de verdad. Y, por supuesto, para denunciar que jamás la mayoría podrá determinar lo que esta bien o lo que está mal, quien debe vivir o morir, que es la verdad y que no lo es… por mucho que les hagan crer justo eso.

La democracia representativa cumple los objetivos de la masonería: hacernos creer que vivimos en una aparente democracia. Solo gobiernan ellos, ellos interpretan la voluntad del pueblo, de un pueblo ignorante y sometido.

A Platón le bastó, con la «democrática» e injusta condena a muerte de su amigo Séneca por el pueblo de Atenas constituido en Asamblea, para darse cuenta que la Democracia no podía estar en manos de nadie que pueda tener intereses propios en la sociedad, ni materiales ni personales. La Política, en el origen de la Democracia, debía estar reservada para las personas que dedicaban su vida a la búsqueda de la verdad, el bien y la belleza, y no para una panda de sátrapas que lo único que buscan es alimentar su orgullo y sus cuentas corrientes. Pero entonces llegó Nerón, y descubrió que era suficiente con «panes et circenses» para tener al pueblo entretenido y, llegada la necesidad, manejarlo a su antojo para que respaldaran cualquier decisión. Esa es, a día de hoy, nuestra «Democracia».

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