Maldita seas, República Francesa

Vivimos tiempos apocalípticos, de eso cada vez hay menos dudas. Y no, no me refiero a la Pandemia, sino a los signos de los tiempos que hacen ver que la humanidad ha conseguido alcanzar «al árbol de la vida», ese que, tras la expulsión del hombre del paraiso, narra el genésis y que a juzgar por las Sagradas escrituras, es todavía más importante que el «arbol de la ciencia del bien y del mal», el primero de los árboles prohibidos a los que el hombre, en su intento constante de ser el Dios de su vida, mediante la desobediencia, accedió:

«Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.» (Génesis 3,24)

Desde entonces, el ser humano anda buscando las vueltas a los guardianes del paraíso para hacerse con el conocimiento necesario para llegar a la vida eterna aquí en la tierra, sin esperar a los tiempos de Dios, su creador, y sin esperar ni confiar en su promesa. Guiados por la serpiente, mentirosa desde siempre y sus secuaces en la tierra, con la masonería a la cabeza, la humanidad ha entrado en la recta final de su existencia y la República Francesa es, a día de hoy, el referente más claro de ello.

Si bien es ya aberrante permitir el asesinato de los bebés hasta el mismo día de su nacimiento, como publicábamos anteayer en la noticia mas leída de nuestro portal de este año, lo es mucho mas la posibilidad real de  crear embriones transgénicos, es decir, la modificación genética de embriones humanos por motivos terapéuticos (los conocido como bebés medicamento) e incluso, la creación de embriones quiméricos humano-animales mediante la inserción de células madre humanas en embriones animales.

Maldita seas, República Francesa.

En las Escrituras, una maldición es la aplicación de la ley divina que autoriza o inflige juicios y sus correspondientes consecuencias sobre una cosa, una persona o un pueblo, principalmente por motivo de la iniquidad. Las maldiciones son una manifestación del amor y la justicia de Dios, y pueden ser invocadas directamente por Dios o pronunciadas por Sus siervos autorizados (en este punto conviene aclarar que ni yo personalmente ni nuestra Asociación nos consideramos «siervos autorizados de Dios). A veces, solo Dios sabe la razón exacta de una maldición. Además, las personas o los pueblos que con obstinación desobedecen a Dios llegan a experimentar las consecuencias de un estado de maldición por motivo de que ellos mismos se apartan del Espíritu del Señor.

El Señor puede quitar una maldición por motivo de la fe en Jesucristo que tengan una o varias personas, así como por su obediencia a las leyes y a las ordenanzas del Evangelio (Alma 23:16–183 Ne. 2:14–16AdeF 1:3). Por ello, desde estas lineas no llamamos a maldecir a Francia y sus habitantes, sino antes al contrario, a redoblar nuestras oraciones para que el pueblo Francés despierte de su letargo y se alce contra los masones que los están llevando hacia su extinción como sociedad y como nación ( pues un 12, 2% de su población es ya inmigrante y, como bien predijo Gadafi, el Islam conquista Francia con el vientre de sus mujeres).

Ahora bien, no por ello vamos a andarnos con paños calientes ni con versiones exclusivamente misericordiosas del Evangelio que nuestro Señor Jesucristo nos dejó, por medio de sus propias e indiscutibles (ni interpretables) palabras, y como queda claro a lo largo de varios pasajes de las Sagradas Escrituras, no somos más que transmisores de la maldición que, el propio Jesucristo, lanza contra todos aquellos que cometan la barbarie de atentar contra el Espíritu Santo:

(Mateo 13, 41 – 42): «Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad , y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes”.

Por eso, el titular elegido para esta publicación no es una maldición contra el pueblo Francés, sino contra la República Francesa, asesina y criminal desde sus orígenes como quedó claro también recientemente en un excelente artículo de nuestro colaborador Javier y que con tanto acierto ha captado en la excelente imagen que acompaña al post nuestro colaborador Jucho. Son ellos, los miembros de la Asamblea Nacional Francesa, y sus guías ciegos y mentirosos de la Francmasonería, los acreedores de esta maldición. Esos que hace apenas 2 años, abrieron la puerta legal a la pedofilia.

Descendientes directos de los soberbios revolucionarios de hace apenas algo más de 2 Siglos que, sedientos de sangre y guiados por un afán de poder desmedido, sembraron el terror en un pueblo hambriento que dio por buenas las promesas de pan a cambio de implantar una república, como casi todas, criminal… Igualdad, Fraternidad y Libertad… o muerte. No había más opciones. Son ellos los que están sirviendo a su pueblo de pieza de tropiezo y son ellos los que, a menos que se arrepientan, serán echados al horno de fuego.

Y como dice el refrán, «cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar»… no seamos necios y no esperemos a que España y sus necios gobernantes, guiados igualmente por el ansia de poder del Nuevo Orden Mundial bajo el amparo de la masonería, continúe por la senda de la iniquidad

«Y esto, teniendo en cuenta el momento en que vivimos. Porque es ya hora de levantaros del sueño; que la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe .La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. (Rm 13, 11-12)»

Daniel Fernández

Asociación Cristianos en Democracia.

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