152 millones de niños forzados a trabajar en el mundo

Tomarse una taza de café, un chocolate, ponerse una camisa… detrás de estos simples gestos cotidianos en occidente puede haber uno o más niños obligados a trabajar. Así lo ha denunciado Cáritas junto con el resto de organizaciones que conforman la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CECJ). Estas son cifras de 2021, fecha que la ONU había marcado como Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil.

Niño explotado

Los datos de la Organización Internacional de Trabajo desmenuzan la verdadera y dramática realidad de millones de menores en el mundo. Cifras que pueden empeorar por la crisis económica, el aumento de la pobreza y el cierre de escuelas provocadas por la pandemia.

Según su último informe, en estos momentos unos 152 millones de niños y niñas se han visto obligados a abandonar la escuela -algunos ni siquiera han pisado una en su vida- para ponerse a trabajar. Casi la mitad (73 millones) realiza actividades peligrosas.

Casi la mitad, menores de 11 años

La explotación infantil afecta especialmente a niños varones (88 millones, ante 64 millones de niñas). Por sectores de actividad, el trabajo infantil se concentra principalmente en el sector primario. Así, donde más niños se puede ver trabajando es en la agricultura, ganadería o pesca (7 de cada 10 menores que trabajan); mientras que el 17% lo hacen en el sector de servicios y el 12% en la industria, sobre todo en la minería.

África es el continente que concentra mayor proporción de menores trabajadores, donde 1 de cada 5 niños o niñas trabajan. En otras regiones la prevalencia es menor: en Asia y el Pacífico, la proporción es 1 de cada 14 niños; 1 de cada 19 niños en América; en Europa y Asia Central 1 de cada 25; y en los Estados árabes, 1 de cada 35 niños.

Sector primario y minería, entre los más explotadores

Por franjas de edad, el informe desvela que casi la mitad de los niños víctimas del trabajo infantil tiene entre 5 y 11 años. 42 millones (28%) tienen entre 12 y 14 años; y 37 millones (24%), entre 15 y 17 años.

Por desgracia, la ONU y la OIT reconocen que estas cifras podrían ser peores, puesto que el trabajo infantil es, en muchas ocasiones, una realidad invisible y difícil de medir, tal y como se constata en el informe Erradicar el trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas en las cadenas mundiales de suministro publicado por UNICEF, la OIT, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).

En el mismo se analizan las complejas redes de suministro y producción de una gran parte de los productos que consumimos. Productos elaborados con materias primas o materiales procedentes de países de todo el mundo y que son procesados, ensamblados, envasados, trasladados y consumidos en todos los países y mercados del mundo. En estas redes se esconden diversas formas de explotación laboral infantil.

Comercio Justo VS explotación infantil

El principio número 5 del Comercio Justo establece la prohibición de cualquier forma de explotación de niños por las organizaciones miembro o las empresas intermediarias. Todas deben estar adheridas a la Convención sobre los Derechos del Niño y a las leyes nacionales o locales sobre el empleo infantil.

De forma expresa se señala que “cualquier participación de niños o niñas en la producción de artículos de Comercio Justo (incluyendo el aprendizaje de un arte tradicional o artesanal) siempre es comunicada y monitoreada, y no debe afectar negativamente al bienestar, la seguridad, los requisitos educativos y la necesidad de jugar de los niños y las niñas”.

Junto a esto, gran parte de las cooperativas y organizaciones productoras destinan la denominada “prima social” a iniciativas relacionadas con la educación de niños, niñas y jóvenes, a través del apoyo a becas, escuelas infantiles para los hijos de las familias productoras y del resto de la comunidad, ayudas para material escolar o transporte, etc.

Las organizaciones de Comercio Justo trabajan de manera activa en estrategias de denuncia, incidencia política y movilización ciudadana para favorecer los cambios necesarios que contribuyan a erradicar la lacra del trabajo infantil. Este objetivo es el que comparte también Cáritas en toda España, a través de su Red Interdiocesana de Comercio Justo (RICJ), compuesta por 28 Caritas Diocesanas, con 36 tiendas y 72 puntos de venta.

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