¿Dónde están los Cristianos (y la gente de buena fe) ante el GENOCIDIO LEGAL de los no nacidos?

Hemos asistido, con tristeza y estupor, a la mayor barbarie legislativa contra el ser humano de la historia reciente de la democracia moderna. El pasado 23 de Enero, el Gobernador de Nueva York aprobaba una Ley por la que se permite el aborto hasta el mismo momento del nacimiento de un bebé.

Satanás ha ganado una nueva batalla, sin luchar, pues lamentablemente sigue ganando día a día batallas por incomparecencia de los cristianos, que parece que andemos demasiado ocupados en nuestros afanes diarios como para estar pendientes de las normas que regulan nuestra sociedad y nuestra vida.

Genocidio legal, eso es lo que se ha aprobado en nueva York.

 

Es absolutamente indignante ver, además, las muestras de alegría y jolgorio de los allí presentes, como si hubieran logrado algún bien para la sociedad a la que representan o como si hubieran conseguido algún avance para las personas a las que deben cuidar, pues ese es su mandado; No solo eso, sino que “celebraron” la gesta con la iluminación del World Trade Center (en estos momentos, me es inevitable la tentación de recordar las Torres Gemelas y el inexorable final que espera, en este mundo, a todo signo que quiera acabar representando al mal, por muy dura que pueda parecer la comparación y por mas que su destrucción fuera fruto de la barbarie del islamismo radical).

Y los cristianos… ¿dónde están? ¿donde estamos? ¿Tan ensimismados estamos en nuestros afanes diarios que verdaderamente nos hemos vuelto absolutamente ciegos y somos incapaces de ver el avance del mal en nuestra sociedad? ¿Hemos dado la batalla por perdida? O, peor aún, ¿nos hemos creído que es una batalla “política” en la que no tenemos que meternos y nos hemos creído que solo merece la pena perseverar en nuestras pequeñas comunidades parroquiales o células familiares? Lo peor es que todavía habrá muchos que piensen que esta es una cuestión de la iglesia jerárquica, y no de todos los cristianos que formamos la iglesia.

Parece que hayamos caído en un plácido y condescendiente egoísmo, en el que solo nos preocupan aquellas cuestiones que nos afectan directamente a nosotros y nuestras familias, y nos hayamos olvidado de que el “bien común” y el “prójimo” van mucho mas allá de nuestras casas, nuestras parroquias, nuestros lugares de culto y que el demonio ha encontrado una herramienta muy útil para sus fines a la que la mayoría de los cristianos no creemos o no entendemos como hacer frente: las leyes.

Es un orgullo ver como el pueblo español se ha volcado con la tragedia de Julen en las últimas semanas, y eso nos debería llevar a pensar, aún mas, sobre nuestra hipocresía, pues somos capaces de remover cielo, tierra y redes sociales con desgracias como esta y no movemos un dedo ante las 94.000 almas que son eliminadas cada año en nuestro país. Al igual que Julen, ellas estaban también en un “pozo”, solas, pero a diferencia de Julen, en el exterior no preparaban los medios para rescatarlas, sino para aniquilaras, y casi nadie se moviliza por ellos.

Tenemos también una misión en la sociedad civil. No, no estamos llamados a ser “luz, sal y fermento” solo en nuestras casas, o en nuestros templos, estamos llamados a serlo en medio de esta sociedad, que se rige por leyes, y por tanto esta misión implica que esa luz debe llegar a quienes elaboran, discuten y aprueban esas leyes, y que es una misión de todo cristiano, no solo de aquellos a los que Dios pueda haber suscitado una vocación política pública, pues si estos no encuentran después cristianos dispuestos a apoyarlos, ¿de que sirve su entrega y esfuerzo?.

Es hora de ser auto-críticos, de dejar de ser condescendientes con nosotros mismos, de dejar de echar la culpa a los que no piensan como nosotros y aprueban este tipo de leyes, pues sabemos bien que no son peores que nosotros. Es hora de salir de las “catacumbas sociales” que nos hemos fabricado y dar la cara, aún a riesgo de perderla, por la verdad y por el Señor, no por nosotros mismos. Pues si la sal se vuelve sosa, no sirve más que para tirarla, y si hemos de valorar nuestro valor como “sal” de esta sociedad por los resultados que vemos en la misma, hace ya mucho que nos volvimos sosos e insípidos. Pero tenemos una esperanza, sabemos que donde hay muerte, Cristo puede sacar vida, así que dejémonos de lamentaciones y empecemos a pensar que podemos hacer, cada uno de nosotros, para volver a iluminar a una sociedad cada vez mas sombría y oscura que clama, por la boca de 94.000 inocentes muertos al año en España, por una luz.

 

Daniel Fernández

Presidente de Cristianos en Democracia.

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