Aborto: Una pandemia que mata inocentes y conciencias.

Ante la situación que la pandemia por el Covid-19 ha dejado en Italia, donde ya hay más de 26.600 fallecidos, el obispo emérito de la Diócesis de Ventimiglia-San Remo, Alberto Maria Careggio, compartía una reflexión, hace unos días de la que se hacía eco VIDA NUEVA DIGITAL, y que ha sido recogida ahora por los medios de comunicación italianos por sus palabras acerca del aborto. Aprovechamos dicha reflexión para recodar que hay una pandemia mucho mas terrorífica que el Covid19, que mata muchos mas millones de inocentes CADA AÑO en el planeta: Se llama ABORTO.

“La vida no nos pertenece”, dice el prelado, quien ha denunciado que “sin embargo, está sujeta a las aterradoras manipulaciones del hombre, capaz de llevar a cabo grandes masacres ocultas, como las que se llevan a cabo en millones de habitaciones de hospital, así como las evidentes que ocurren en áreas de guerra con muertos, refugiados y víctimas incalculables”.

Hay una pandemia peor que el COVID19. Se llama ABORTO.

“No se sabe cuánto durará la pandemia del coronavirus”, continúa, “ni por cuántos días tendremos que escuchar el boletín de muertos, infectados y recuperados”. Por ello, Careggio se pregunta qué pasaría si se hiciera lo mismo con los “más de seis millones de abortos” que se practican de forma legal en el mundo. “Esta es también una pandemia que mata la conciencia de quienes la llevan a cabo y la de los gobernantes que, al legislar, tienen la intención de eliminar el horror del asesinato”, subraya.

Despertar los valores cristianos

Y es que el obispo emérito matiza que “legalizar no significa en absoluto moralizar una acción que va en contra de la vida”. “Se dice popularmente que clama venganza en presencia de Dios, ¡y asi es!”, continúa, “al igual que el heroísmo de todos aquellos que hacen todo lo posible para salvar la vida de los demás poniendo en riesgo la propia”. Esto, para Careggio, significa que “el mal no tiene la última palabra”.

Asimismo, anima a que “de la catástrofe y los escombros de esta pandemia”, despierten los valores “humanos y cristianos” del amor y la solidaridad, el altruismo y la generosidad, de la compasión y la ternura, “latentes pero no desaparecidos, porque son y siguen siendo la huella de la mano de Dios que quería crear al hombre a su imagen, y semejanza”.

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