FEMINISMO, IGUALDAD, FELICIDAD Y ANSIOLÍTICOS.

Celebraremos próximamente el día internacional de la mujer, una fecha que se ha convertido en España en un punto de referencia del feminismo más radical. Cada vez cobran mas eco mensajes simples y vacíos del tipo «este año animamos a las mujeres a hacer huelga en las tareas del hogar»…. Bravo por el feminismo que plantea, como parte de la celebración reivindicativa de la mujer, dejar a sus hijos sin comer, por ejemplo.

Hoy, sin embargo, nos gustaría resaltar los efectos prácticos que el avance feminista ha traído a la mujer en España, y sobre todo, a su salud. Gracias a las políticas educativas feministas, han conseguido que la mujer abandone su vocación natural, la maternidad, y que la mujer española retrase y reduzca el número de hijos, manteniendo para ello y ampliando el plazo en el que la mayoría son grandes consumidoras de píldoras anticonceptivas, para así poder «desarrollarse» y «realizarse» profesionalmente, que es como el feminismo moderno adoctrina a las mujeres, pues ya no cabe realizarse personalmente mediante la vocación familiar, según establece la dictadura del relativismo que nos gobierna. Si para ello en el camino es necesario acabar con mas de 90.000 inocentes al año, todo está justificado, por la consecución de la realización plena del modelo de mujer que nos quieren imponer.

Pero he aquí que si nos vamos a los «resultados» de estas políticas, cuando menos deberían servir para cuestionar si el concepto de «felicidad» y «realización personal» que le quieren vender a las mujeres de hoy en día es verdadero o falso. Según un artículo publicado por Alerta Digital, en España, las mujeres son las grandes consumidoras de psicofármacos. Representan hasta siete de cada 10 usuarios de antidepresivos, tranquilizantes y somníferos en España. ¿Sufren ellas de una peor salud mental?

Más presión, más exigencia y mayor ingesta de psicofármacos. Es como si vivieran de una forma contra la que su naturaleza se rebela, y fruto de esa lucha mental de lo que la sociedad le impone para ser «moderna y plena» y lo que lleva en su interior, acaben extenuadas del esfuerzo. Las mujeres son las grandes consumidoras de estos medicamentos: ellas representan el 70% de las personas que los toman en España. Se calcula que hay un millón de consumidores habituales, y que entre el 10 y el 20% de la población lo hace de forma esporádica.

Esto contrasta absolutamente con la imagen de «felicidad» y «plenitud» que las supuestas «conquistas sociales» que el feminismo radical enarbola. Pero lo que es absolutamente doliente que esta realidad ni se denuncie, ni se analice, ni se aborde a la hora de conmemorar el día de la mujer.

Los resultados de la «liberación» de la mujer son, cuando menos, dignos de analizar.

¿QUE HACER CON TODA ESTA INSATISFACCIÓN E INFELICIDAD? ¿MEDICALIZARLA?

Aunque son datos de hace 10 años (recordemos, cuando aún no habíamos entrado en la crisis económica) en 2008, en España se consumieron ya 47 millones de ansiolíticos y unos 28,5 millones de antidepresivos, cifras que superan en seis y cinco millones respectivamente los datos del año anterior, según el Ministerio de Sanidad y Consumo.

Los psicofármacos se usan porque funcionan, consiguen tranquilizar a las personas que los consumen”, pero “es una situación de calma temporal, ya que las condiciones sociales y estructurales que propician el malestar no se abordan”, asegura Eugenia Gil. “Es más fácil dar medicamentos sedantes que detectar qué pasa”, añade la doctora Carme Valls-Llobet. Y es que aunque “la pastilla actúa rápidamente., cada vez se toleran menos las situaciones de la vida”, agrega Montero. En una situación difícil, “una ruptura, la pérdida de un ser querido”, “lo normal y lo saludable es sufrir, que duela, que se llore; se necesita un tiempo para ese duelo”, insiste la doctora María Jesús Cerecedo. “El problema llega cuando ese dolor se patologiza y se farmacologiza, y se quiere evitar el sufrimiento. Los fármacos tienen su lugar, y están tomando espacios que no les corresponden”, añade.

Sin duda esta sociedad y los políticos que han colaborado en su diseño, ni tiene ni ofrece respuestas reales a las necesidades de las personas ante el sufrimiento, pero es mas sangrante y doliente el caso del feminismo radical y la mujer, a la que tras haberla convencido de que su felicidad se encontraba en la realización profesional y no en la familia, tienen que medicalizarla para que pueda ser capaz de llevar adelante esa vida de «plenitud» que le habían prometido.

 

 

 

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