Hispanidad sin complejos.

La hispanidad es un concepto que, desde hace décadas, viene siendo durante perseguido a todos los niveles. De hecho ya casi nadie habla de Hispanoamérica, sino de Latinoamérica, un término relativamente reciente que no pasó a ser generalizado hasta 1950 a raíz de la creación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de la ONU. Su uso está claramente vinculado a la extensión de la Leyenda Negra contra el legado de la España Católica en América.

Pero por mucho que quieran cambiar su nombre, no podrán cambiar que hablamos de un conglomerado de países que comparten una identidad cultural gracias a un legado irrepetible: El del descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492.

La Empresa que realizó el reino de Castilla en América es, ciertamente, indescriptible: Cuando en 1636 se fundó la Universidad de Harvard en la colonia inglesa de Massachusetts, la primera institución universitaria en Norteamérica, ya había diez en la América española. Portugal nunca fundó una en Brasil. Tampoco lo hicieron Francia y Holanda. La gran diferencia entre el modelo colonial español y el resto es que nuestro país tuvo una idea de sistema educativo completo y europeo para los nativos, los criollos y los españoles que habitaban esas tierras.

Algunas universidades tenían cátedra de lengua indígena ya que era obligatorio para los religiosos que ejercían la enseñanza en las Indias. Entre todas las enseñanzas pioneras que se impartieron en esas universidades en comparación con las creadas por Reino Unido en Norteamérica, destacó la medicina.

Esa sensibilidad hacia los nativos era resultado de la fe católica que movió tan gran gesta, a lo que se unió el auge de la cultura y ciencia españolas en el siglo XVI. El resultado fue que entre 1500 y 1550 se crearon 25 grandes hospitales, y muchos más pequeños. 

Así, en 1563 se exigió que para ejercer la medicina en América se tuviera el título universitario y, además, dos años de prácticas, todo un reflejo de el actual sistema MIR con el que los actuales médicos completan su proceso formativo.

Pero no solo España aportó un sistema cultural que permitió a los pueblos americanos compartir una identidad cultural, el cuerpo de normas que regló la vida en las colonias de América creado por España supuso el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos.

Isabel la Católica fue la primera persona que se preocupó por los derechos de los indios : determinó que seguirían siendo los propietarios de las tierras que les pertenecían con anterioridad a la llegada de los españoles y, en el año 1500, dictó un decreto que prohibió la esclavitud.

Ya en 1518 una ley establece ya «que sólo podrán ser encomendados aquellos indios que no tengan recursos suficientes para ganarse la vida, así como que en el momento en que fuesen capaces de valerse por sí mismos habrían de cesar» en este régimen. De todos modos, Carlos V da una estocada mortal a la institución con sus Leyes Nuevas de 1542, que limitan sobremanera las situaciones en que se podía poner en práctica.

En cualquier caso, la actitud de los monarcas españoles contra la esclavitud fue decidida. Isabel la Católica y el Emperador Carlos V promulgaron decretos que vedaban esa práctica y, «si bien es cierto que Felipe II se deja presionar por los colonos del Caribe haciendo concesiones especiales para Puerto Rico y La Española, poco más tarde vuelve a dejar clara su repulsa hacia este tipo de institución, prohibiendo una vez más la esclavitud, e incluso haciendo extensiva dicha prohibición a la incipiente importación de esclavos negros y al comercio de seres humanos, institucionalizado por Inglaterra y Portugal, como podemos leer en el libro de Juan Sánchez Galera «Vamos a Contar mentiras».

Gracias a los principios cristianos de los reyes españoles, la protección de la dignidad de los indígenas estuvo presente desde el inicio de nuestra presencia en Hispanoamérica. Su dignidad residía en que, como nosotros, son hijos de Dios, y ese fue el principio de lo que hoy conocemos como «derechos humanos».

Por tanto, es más que obvio y evidente que si se maltrató en algún momento a las poblaciones indígenas en tierras españolas, no fue ni por orden ni con el permiso de las autoridades, antes bien al contrario, contra toda norma promulgada desde casi el primer momento en que llegamos a América.

Hoy en día, miles de mujeres provenientes de diversos países son esclavizadas sexualmente en España, por poner solo un ejemplo… ¿Debemos pedir perdón a estos países por el comportamiento de quienes se saltan las leyes en vigor también a día de hoy? Resultaría, simplemente, ridículo.

Así pues, que no nos engañen. España no tiene nada de lo que arrepentirse en su gran aventura en Hispanoamérica pues aportamos bienestar, cultura y progreso a las sociedades indígenas respetando, ante todo, su propia identidad e culturizando la misma con la cultura hispana, de ahí que debamos estar muy orgullosos de todo lo que nuestros antepasados realizaron en Hispanoamérica.

PD: Si al lector le quedan aún dudas, le invitamos a comparar la población de Norteamérica con la del resto de países. Efectivamente, la población indígena de Norteamérica no era blanca ni negra… eran indios, cuyos pequeños «restos» viven recluidos en reservas. Ahora, piensen en la mayoría de la población el resto de países de América… Así de simple.

Daniel Fernández

Asociación Cristianos en Democracia.

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