La destrucción de la identidad europea.

Las revoluciones liberales de raíz masónica durante los siglos XVIII y XIX, y las revoluciones socialistas del XX han tenido un claro propósito: destruir la participación de la iglesia cristiana en la vida pública, y en última instancia, destruir el cristianismo, porque según ellos el progreso social es inversamente proporcional a la participación de la iglesia en la sociedad. Es más, según los instigadores de las revoluciones a mayor progreso menor religión. De ahí las apreciaciones de los filósofos ilustrados del siglo XVIII o la idea de que la iglesia forma parte de la superestrutura del estado capitalista según Marx.

Esta idea es perfectamente comprobable hoy en día los antiguos países de la vieja unión soviética, ya que como todo el mundo sabe se hicieron muy ricos después de exterminar la iglesia, tan ricos que hoy se encuentran entre los países más pobres del mundo. E igualmente, la masonería ha hecho muy rico a México gracias a su cruzada del gobierno masón y servil a Estados Unidos contra los cristianos, tan rico que a duras penas a incrementado su renta per capita en el último siglo respecto a los países más avanzados. Y por supuesto Europa también seguirá muy rica gracias a su descristianización, aunque se prevé que Francia pase a ser de la quinta a la décima potencia en lo próximos años y Alemania de la cuarta a la novena.

Sin embargo, tras la eficaz y deliberada tarea de descristianización de Europa llevada a cabo por los gobiernos durante el siglo XX, ahora se pretende eliminar incluso los restos de símbolo cristianos que quedan. Cómo?. Primero expropiando todos los templos católicos por decreto como en Francia a principios del siglo XX, y después no dedicando ni un euro a restaurar los templos. De modo que, se prevé que solamente en este país se vayan a demoler 2800 iglesias en los próximos años para construir cosas tan interesantes como espacios públicos, (párkings u otras dotaciones públicas). Es un despropósito para los Cristianos, para el patrimonio artístico de Europa y del mundo, pero también es una destruiccion irreparable de la identidad de Europa y la de Francia en particular. Mal vamos en el mundo occidental y en particular en Europa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *