Sra. Ministra, aquí nos tiene para enseñarle, cuando quiera, de quien son nuestros hijos.

Poco ha tardado este Gobierno de la incultura de la muerte en sentirse lo suficientemente fuerte para lanzar perlas como las que ayer , a duo, lanzaron sus 2 más fulgurantes estrellas del comunismo más rancio que ha habido en España en las últimas décadas. Como hoy le recórdaba D. Demtrio, el propio Obispo de Córdoba en un certero Tweet, no es una cuestión religiosa, sino de derechos fundamentales de nuestra Constitución, esa que tanto ansían cambiar.


Mensaje del Obispo D. Demetrio a la ministra de Educación.

Lamentamos informales que el «papá estado» de su querido Stalin pasó a mejor vida. Si pretenden venir a por nuestros hijos, no nos vamos a quedar quietos ni en silencio y, por supuesto, no vamos a ceder al chantaje, aunque la cárcel pueda acabar siendo el premio a la fidelidad a nuestras creencias y, sobre todo, a la libertad y dignidad que tenemos.

Como podemos leer en esta noticia de Hispanidad, fué, sin duda, un Consejo de Ministros auténtica mente Kafkiano. Iba a ser el Consejo de los nombramientos de segunda fila, como el de la nueva directora general de la Guardia Civil, una de esas feministas que considera el cuerpo que va a dirigir de un machismo subidísimo.

O el de la secretaria de Estado de Energía, Sara Aagesen, cuyo currículo profesional se ciñe a la oficina del cambio climático, aunque nos la presentan (a veces resulta muy complejo elaborar una biografía) como experta en Energía.

No menos llamativo resulta el secretario de Estado para la memoria histórica, Fernando Martínez López, en cuyo CV figuran méritos tan impresionantes como su especialización en la persecución de la masonería por el franquismo en Andalucía, amén de contador de fosas ocultas del Franquismo, lo que sugiere neutralidad e imparcialidad en la Vicepresidencia sobre la memoria histórica de una tal Carmen Calvo.

Rafael Pérez Ruiz, que pasa a ser el número dos de la Seguridad del Estado, con otro historial digno de biografía autorizada: la única experiencia en seguridad ciudadana que se le reconoce es ser amigo del ministro Marlaska, que es quien le ha nombrado y ahora ascendido.

Pero no. En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros se estrenaba como portavoz del Ejecutivo María Jesús Montero y tocaba “pin parental”. Y ahí fue Troya.

Pin parental significa que los padres puedan vetar la educación afectivo-sexual, que significa eso que están ustedes pensando. Uno diría que parece una consecuencia obvia de la libertad de enseñanza que la constitución reconoce a los padres pero resulta que no. Lo explico en frases. Va la titular de Educación, Isabel Celaá y asegura lo siguiente: “No podemos pensar que los hijos pertenecen a los padres”. No, si te parece, te pertenecen a ti, Isabel. Han pasado una pocas horas y ya se están haciendo las delicias de las redes sociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *