Yolanda y el Papa.

Esta imagen, que ha generado ríos de tinta durante toda la semana en decenas de diarios y minutos de información, comentarios y tertulias en prensa y televisión, puede acabar resultando un escándalo para muchos cristianos, sobre todo y con mas razón, para los católicos.

El «problema» no es a quien recibe el Santo Padre, ni cuáles son los criterios para ello; Doctores tiene la Iglesia y no seremos nosotros quienes entremos a valorar si la audiencia a Yolanda Días es o no conveniente. El problema, al menos a mi juicio, es que desde la Santa Sede no se ofrezca comentario alguno ni explicación sobre la misma.

En primer lugar porque eso deja una sola versión disponible, la de Yolanda, «emocionada» según sus palabras por la reunión, y ya sabemos todos como actúan los medios social comunistas en España, aprovechando la misma para «blanquear» una ideología que persigue a la Religión y más concretamente, al cristianismo y a la religión católica desde su nacimiento.

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En segundo lugar y no menos grave, el Vaticano no debería permitirse el lujo de que personajes como Yolanda Díaz o Pedro Sánchez abandonen la Plaza de San Pedro sin una larga lista de «deberes» y «recordatorios», públicos y notorios sobre: El Aborto, la eutanasia, la ideología de género, el matrimonio homosexual, el desprecio por la vida, los intentos del comunismo de manipular a nuestros hijos y su explicita declaración de que «no pertenecen a los padres» y, por qué no, algo sobre la persecución religiosa.

Porque, de lo contrario, la Santa Sede estará colaborando, por omisión, a la división de los cristianos y muy especialmente de los católicos.

¿Acaso tenemos nosotros que recordar a los responsables de comunicación y responsables de las relaciones institucionales del Vaticano, la importancia que tiene «no escandalizar a los pequeños»? Somos miles los «pequeños en la fe» a los que estas actitudes confusas del Santo Padre pueden llegar a confundirnos.

Con este tipo de «postureos blanqueantes» del comunismo, no es difícil entender que en España haya mucha gente que siga pensando que se puede ser cristiano y estar a favor de la eutanasia, el aborto o el matrimonio homosexual. Con esta ausencia de verdad en los medios, es muy fácil caer en la tibieza y en el relativismo moral del que tanto nos advirtió Benedicto XVI.

Estamos seguros de que no hubiera sido nada complejo explicar al gabinete de la Sra. Díaz que su Santidad no tenía «hueco en la agenda» hasta 2023 (o 2030, coincidiendo así con la perversa agenda que tanto apoya la Sra. Días), pero, por alguna extraña razón, los cristianos de España nos volvemos a encontrar con una situación que, salvo por el mandato que tenemos del amor al enemigo, y a quien nos persigue, sería difícilmente explicable.

Así que desde estas líneas y desde la humildad de quien no entiende casi nada de los que ha pasado en esta última semana, sólo se me ocurre plantear una duda a la que, al menos desde el Vaticano, se sigue sin dar respuesta a día de hoy: ¿Cuál era el motivo real de tan significativa audiencia?

Afortunadamente, muchos tenemos en la acción del Espíritu Santo la garantía de reparación de nuestros errores a través de la historia y con esa misma esperanza, ansiamos el momento en que la Santa Sede abandone la «corrección política», las tentaciones del lenguaje de esta época que nos ha tocado vivir y retorne, con firmeza, al lenguaje de la verdad, porque ya sabemos lo que pasará con los tibios, y a buen seguro que a nadie nos gustará que nos alimenten, ni por omisión, nuestra tibieza.

Daniel Fernández.

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