Derechos para los animales, pero no para los niños no nacidos.

El pasado Jueves 19 de Febrero el Gobierno de España presentó su  anteproyecto de ley de Protección, Derechos y Bienestar de los Animales tras su aprobación en el Consejo de Ministros. La norma consagra la atribución a los animales de «derechos» y «dignidad» (conceptos jurídicamente exclusivos de la persona) y sitúa en desventaja respecto a ellos al ser humano no nacido.

En España esta kafkiana situación no es nueva. Hace ya años que la rotura de un huevo de águila perdicera es un delito castigado con una multa importante mientras que el aborto de un ser humano se viene a considerar un derecho.

¿Cuál es la diferencia? Que de esas aves hay poquitas y humanos sobramos en el planeta. En consecuencial, el ser humano está fuera del catálogo de especies protegidas. Somos una especie más y sin protección. Sin duda, el pobre niño en el vientre de su madre estará rogando para que le confundan con un embrión de lince, un huevo de halcón peregrino o con el embrión de cualquier otro animal no humano gestante.

Según leemos en Religión en Libertad, la ley viene, además, acompañada además de una modificación del Código Penal para sancionar con multas y prisión diversas infracciones de la ley, y para considerar como agravante la violencia «instrumental» sobre los animales en los casos de «violencia machista«, explicó Belarra.

Según la nota difundida por el Gobierno, también se articularán «herramientas judiciales que permitan cambiar la titularidad [del animal] de manera previa a la resolución judicial» sobre el caso de «violencia de género«. Y es que este Gobierno Socialcomunista no sabe impulsar una Ley sin incluir en la misma sus desmanes ideológicos sobre la ideología de género, aun cuando se trate de los «derechos» de los animales.

El anteproyecto se basa en la «dignidad» de los animales como «seres sensibles«, que es la razón esgrimida para el objetivo de «sacrificio cero» que lo inspira. Se establece en consecuencia una prohibición absoluta del sacrificio salvo razones de salud pública o protección medioambiental, y siempre mediante mecanismos que no causen al animal «ningún dolor, angustia o sufrimiento evitable».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.