La iglesia, perseguida desde su origen, ve acrecentada la persecución en España.

Una Iglesia perseguida y martirial es signo de fidelidad y de vida.

En esa persecución o solapado martirio, no luchamos sólo contra los poderes visibles de este mundo sino contra potestades invisibles. Ambos buscan extraviarnos para que, negando la Verdad, nos dejemos sobornar por el diablo y sus ángeles, y seamos marcados con el número de la bestia y no de Cristo, dándole culto y adoración a su imagen y no al Hijo Unigénito de Dios”.

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