Educación sexual: así corrompen a los menores en España.

Por si a alguien le quedaba la menor duda, las Administraciones Públicas Españolas, desde el Gobierno hasta los Ayuntamientos, pasando por Diputaciones y Comunidades Autónomas, continúan corrompiendo a nuestros menores, animándoles a mantener relaciones sexuales sin importarles su edad, su grado de madurez y, por supuesto, la educación moral o sexual que sus padres puedan querer para ellos.

Para este progresismo de salón, que más bien funciona a modo de apisonadora ideológica sin límite de fondos, pues para ello el Nuevo Orden Mundial ha dotado de fondos suficientes a la ONU y sus organismos satélites que riegan con millones de ayudas a quienes se pliegan a sus planes ideológicos, el derecho de los padres a decidir la educación moral o sexual de sus hijos no tiene que respetarse en absoluto, pues como bien dijo la ex-ministra Celaá, los hijos son del Gobierno, y no de los padres.

Corrupción de menores por las administraciones públicas en España
Corrupción de menores por las administraciones públicas en España

No es de extrañar que, como leemos en 20 minutos, Ayuntamientos como el de Vilassar de Mar, en Barcelona, lleven a cabo actividades en las que pervierten a menores de edad de 11 a 14 años, mediante juegos sexuales, sin el consentimiento de sus padres. Afortunadamente su torpeza es extrema y en la soberbia de creerse con el derecho de, además, hacerlo público y notorio, han topado con otra irregularidad como ha sido publicar las imágenes de los menores en las redes sociales, «jugando» a la gimkana sexual, sin el consentimiento expreso de sus padres, como establece la Ley de Protección de Datos.

Como torpes mafiosos, que acabaron en prisión por delitos fiscales en lugar de por todo el mal causado por sus organizaciones criminales, nuestras torpes administraciones públicas están siendo frenadas en sus intentos de corromper a nuestros menores por cuestiones burocráticas de bajo calado, por lo que debemos aprovechar este tiempo para argumentar bien causas de mayor hondura, basadas en las libertades y derechos fundamentales, para frenarles en el Constitucional antes de que sea demasiado tarde.

Manipular a los menores a través de la sexualidad es muy simple; son fáciles de confundir, y es la edad preferente, hasta los 12 años, para incitarlos a la promiscuidad y/o a la homosexualidad, ante su falta de madurez para discernir.

Lo que está claro, cada vez más, es que como padres, no podemos ya confiar en la Administración Pública, cuyo objetivo fundamental es fomentar la promiscuidad y la homosexualidad entre nuestros hijos e hijas, sabedores de que su falta de madurez facilita las posibilidades de ser manipulados, cada vez a edades más tempranas, bajo pretexto de «educación sexual» o educación en derechos sexuales y reproductivos.

Toda una patraña lingüística bajo la que se oculta su única intención: hacer de nuestros hijos e hijas personas hedonistas, egoístas y promiscuos, que canalicen hacia sus deseos sexuales su capacidad de sentirse saciados, pues en un futuro no muy lejano apenas tendrán trabajo o derecho a la propiedad privada en los que poder centrar sus esfuerzos.

El mundo está cambiando, y no por casualidad, y la «involución» de las personas hacia elementos primarios, como el sexo o las compras, permiten construir sociedades menos reflexivas, más instintivas y, con ello, mucho más fáciles de manipular y controlar por las élites. Todo un proyecto de re-ingeniería social a escala mundial que algunos llaman «el gran reseteo» de la que la masonería lleva ya meses haciendo alarde públicamente. No será porque no lo hayamos avisado…

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