El Gobierno social-comunista que solo busca el conflicto entre los Españoles.

Parece como si el gobierno quisiera inflamar la política y distraer de esta manera la atención de los dos focos específicos de nuestro presente y futuro, el Covid-19 y el desastre económico. Quizás sea esto, pero las leyes quedan y España se dirige a una situación de descontrol moral, que debemos detener.

Terrorismo callejero. Así actúa el independentismo catalán radical.

La decisión del Gobierno de España de prohibir al Rey Felipe VI entregar los despacho judiciales la semana pasada en Barcelona ha dado alas a estos individuos a los que, además, vistas las actuaciones policiales, les parece estar todo permitido, habida cuenta de la impunidad con la que amenazan, a diario, a cualquier persona que piense diferente a ellos. Afortunadamente no ha tardado mucho en salir su verdadero talante, el de terroristas callejeros, pues no son más que eso. Como para los masones y los comunistas, para ellos la guillotina es un símbolo de libertad a la que tendrán que enfrentarse todos los que se atrevan a desafiar sus planteamientos y oponerse a sus planteamientos.

La soberbia izquierda española.

El comportamiento de este Gobierno que tenemos me recuerda mucho a Napoleón, pero nada más que en soberbia, en su avaricia y en su ataque unas veces evidente y otros solapados hacia la Iglesia, hacia el cristianismo y hacia todo aquello que sustente y apoye al cristianismo: la fe, la esperanza, la tradición y la fidelidad, como por ejemplo la Monarquía como institución.

Políticos sin dignidad: Normalizando el insulto.

Cree el señor Iglesias que el insulto solo ofende la dignidad del insultado, lo cual ya es lamentable e intentar normalizar que a una persona se le pretenda ofender (con esta idea no puedo evitar que se me venga a la cabeza imágenes de tiranos pisoteando los derechos fundamentales de la persona) pero siento decirle a Pablo Iglesias que a quien primero desacredita es al insultante, y quien pierde la dignidad es él.