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No somos una agencia subordinada al Estado.
La Iglesia no es cliente del Estado, y ningún obispo tiene derecho a prohibir la Eucaristía de este modo. Incluso hemos visto a sacerdotes castigados por sus obispos por haber celebrado la misa con pocas personas: todo esto significa verse como funcionarios del Estado. Pero nuestro pastor supremo es Jesucristo, no Giuseppe Conte. El Estado tiene su tarea y la Iglesia la suya».
Dignidad de la persona, por encima de ideologías.
El Papa Francisco ha hecho un llamamiento a «poner en el centro de nuestras preocupaciones la dignidad de las personas y la dignidad del trabajo». Lo ha hecho durante la audiencia general de los miércoles, y sus palabras venían motivadas muy especialmente por la situación de explotación de los trabajadores del campo.










