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La (masónica) República Francesa demuestra su odio a la Libertad Religiosa.
«La prohibición es incomprensible e injusta», subraya monseñor Rey: «El gobierno plantea un trato discriminatorio en las medidas de desconfinamiento previstas para otros ámbitos de la vida pública y social. Es una ofensa a los cristianos, a cientos de miles de creyentes que podrán hacer la compra, trabajar, reunirse dentro de las normas de seguridad para la salud, pero no podrán ir a misa o a un acto de culto, siendo así que esas celebraciones son momentos esenciales y vitales para la vida de un creyente, pero también para la vida de nuestra sociedad, pues en ellos pedimos a Dios su ayuda para el país y para el mundo.










